14 sept 2007

SIMULADOR vs. AUTÉNTICO

En mi breve paso por las aulas del Seminario Bíblico de mi iglesia, nuestro director nos encargó a un grupo de estudiantes, exponer brevemente en la reunión de capilla, sobre el concepto de la Autenticidad.

Esa noche al volver a casa, acostado sobre mi cama, meditaba sobre el tema y recordé que en la cocina teníamos unos adornos que simulaban frutas, es decir, no eran auténticas frutas. Al día siguiente cogí una de ellas, luego compré su símil auténtico y realicé una comparación. Después de una breve oración pidiendo revelación, encontré que las diferencias que observaba podían aplicarse para caracterizar al “Cristiano Simulador” y al “Cristiano Auténtico”.

FRUTA FALSA
Cristiano Simulador

NO TIENE AROMA
Sus acciones no son trascendentes. Vive para sí mismo.
ES DURA
Insensible a las necesidades de los demás. Cuestiona la voz de Dios y la obedece según su conveniencia. Pre juicioso y religioso.
APARENTA SER
Muestra un comportamiento fingido, alardea. Juega con la mentira y manipula.
HECHA POR EL HOMBRE
Su vida está limitada a su personalidad mundana y sus pasiones desordenadas. Se rinde a sus debilidades. Movido por las emociones y las corrientes del mundo.
NO LA PUEDES COMER
Es egoísta. No permite que los demás gocen de sus dones y talentos. Busca lo suyo propio.

FRUTA VERDADERA
Cristiano Auténtico

TIENE UN RICO AROMA
Sus acciones son reconocidas. Vive para servir.
ES TIERNA
Sensible a las necesidades de los demás. Atiende y obedece la voz de Dios. Misericordioso y adorador.
ES VERDADERA
No actúa con máscaras, su comportamiento es genuino. Habla con la verdad y es honesto.
HECHA POR DIOS
Su vida se desarrolla con los principios de Dios. Es gobernado y guiado por el Espíritu Santo. Vence sus debilidades. Su fe en Dios es firme en todo tiempo. Es espiritual.
LA PUEDES COMER
Es generoso, comparte sus talentos y sus dones. Da amor y busca el bien común.

“Por eso, habiendo recibido a Jesucristo como su Señor, deben comportarse como quienes pertenecen a Cristo, con profundas raíces en él, firmemente basados en él, por la fe, como se les enseñó y dando siempre gracias a Dios.”
Colosenses 2:6-7

Toma un tiempo para leer Colosenses 2:8 a 3:25.

19 abr 2007

EL AMOR SABIO

(Dedicado a los solteros que buscan pareja y a los solteros en una relación)

Cuando tu corazón no escatime esfuerzo y lata aceleradamente por alguien que conoces, es momento de tomar control sobre él. Muchas veces esos impulsos nos encaminan a errores dolorosos, a heridas profundas, porque detrás de ellos habita la superficial emoción pasional.

Amar es recomendable, pero debes hacerlo con cautela, valor, bondad, integridad y sobretodo con sabiduría. Hay amores no correspondidos prisioneros de sí mismos, se esfuerzan en vano y sufren de continuo desilusión tras desilusión. Por eso, si se acelera tu corazón por alguien, mira bien que tu entrega sea correspondida de la misma manera, espera un tiempo prudencial que te ayude a ver si vale la pena tanta entrega, de lo contrario, huye. Tu amor debes destinarlo para aquellos que saben amar como tú. No es bueno exponer abiertamente el corazón al primer encuentro, hazlo de a pocos, dándole tiempo al tiempo, hasta que veas que es correspondido, mientras tanto la razón debe sujetarlo.

El amor maduro sabe esperar y también retirarse cuando en vano da, no es bueno eso de amar sin medir las consecuencias, puedes dañarte y dañar a otros. El amor no es autodestructivo. El amor se siembra, se abona y se cosecha. Si das los dos primeros pasos y no cosechas, cambia de terreno.

El verdadero amor te hace amigo antes que amante. El verdadero amor no exige solamente demostración física, se alimenta y crece de su responsabilidad de ofrecer admiración, respeto, protección, gratitud y dedicación. El amor debe darse todo el tiempo y sin egoísmo. Amar es dar a otro para su beneficio; amar es no buscar lo suyo propio. Quien ama no espera una recompensa por lo que da, pero si se inspira y halla razón de ser con la buena reciprocidad y gratitud del que lo recibe.

El amar se inicia con uno mismo. Si puedes amarte podrás amar realmente a otro. Es más que una emoción momentánea, es un morir a uno mismo por el bienestar del otro, no se cansa de dar, sabe perdonar y a la vez exhortar con misericordia. El amor practica a diario el hacer feliz al otro plenamente; hacer el amor no es sólo una experiencia orgásmica, es más sublime que eso, es dar la vida: tu tiempo y tus fuerzas; es sepultar tus egoísmos y dar todo de ti sin medida. Si realmente amas, compartes, te comunicas, eres afectivo en tus actitudes y palabras. Proteges, defiendes, sorprendes, luchas y conquistas por los sueños de dos; ya no eres uno.

Amar no es admirar solamente, ni es loco, al contrario, es entregar lo mejor de uno con inteligencia y responsabilidad. Es considerar qué efecto causarán las debilidades del otro en mi vida y si estoy preparado y dispuesto a soportarlo; porque después que te casas no hay marcha atrás. Amar es una decisión y no una emoción.

El amor que no tiene la libertad de discernir lo bueno y malo, no es amor, eso es ceguera emocional, pasión desbocada, capricho mortal y alucinación sentimental.

Para amar con sabiduría es necesario que primero decidas amar a Dios y aceptes experimentar su amor diariamente. Él es la fuente del amor. Tener un romance con Dios es la mejor manera de prepararse para amar con sabiduría y fortaleza.

Todo lo dicho son expresiones de lo que he discernido y experimentado en la vida acerca del amor. Espero que tanta cursilería te ayude en algo.

El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos a lo bueno.
Romanos 12:9