5 dic 2008

ALCANZANDO LA PROSPERIDAD


En el transcurso de nuestra vida cada uno de nosotros busca y espera alcanzar la prosperidad, es decir, obtener éxito en todo lo que emprendemos. Cuando nos aventuramos a desarrollar nuestros proyectos personales, anhelamos que cada decisión que hacemos tenga un curso favorable.

Normalmente se relaciona la prosperidad con el obtener dinero o cosas materiales, sin embargo, ser próspero involucra además los aspectos emocionales, espirituales, intelectuales, familiares, de relaciones y salud física. Se trata de lograr bienestar y crecimiento en cada aspecto de nuestra vida. Es vano alcanzar éxito económico, evadiendo impuestos o a costa de fraudes, o lograr promociones laborales descuidando nuestras responsabilidades familiares, o ser reconocidos por nuestras habilidades intelectuales siendo mezquinos y egoístas. La meta de nuestro Señor Jesús es efectivamente, que logremos una vida abundante (Juan 10:10); una vida con gran cantidad de bienestar interna y externa; una vida exitosa integralmente, en su totalidad, extendida a la eternidad.

Mientras leía el libro de Proverbios descubrí algunos puntos importantes que debemos considerar para alcanzar una prosperidad integral en nuestras vidas:

1. Planear bien – “Los planes bien pensados dan buen resultado y son pura ganancia, en cambio, los que se hacen a la ligera y apresuradamente causan fracaso y ruina.” (Proverbios 21:5). Un buen plan debe considerar: trazar una meta, definir objetivos, plantear actividades y desarrollar acciones. Además, la Biblia nos recomienda que “el éxito de un plan depende de los muchos consejeros.” (Proverbios 15:22). Una segunda o tercera opinión de personas confiables y apropiadas nos amplia el panorama y enriquece.

2. Confiar en el Señor – “El que confía en el Señor prospera.” (Proverbios 28:25). Quienes tenemos una relación cercana con nuestro Creador debemos entender que nuestra vida está en sus manos, que sus promesas son verdaderas y se cumplen en su tiempo. No vale la pena enredarse en el stress o el afán. “Bendito el hombre que confía en el Señor y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia y nunca deja de dar fruto.”(Jeremías 17:7-8).

3. Buscar sabiduría – En Proverbios 8:18 y 21 la sabiduría da su discurso y expresa: “Conmigo están las riquezas y la honra, la prosperidad y los bienes duraderos.” “A los que me aman les doy su parte, lleno sus casas de tesoros.” Cuando hablamos de sabiduría nos referimos a la capacidad de actuar prudentemente en la vida, a la facultad de decidir correctamente en el tiempo correcto; a la habilidad de frenar nuestros impulsos y tener dominio propio; y al mismo tiempo, a la valentía de aceptar la corrección, es decir reconocer nuestros errores y cambiar de actitud. (Proverbios 19:20). “Pobreza y deshonra tendrá quien desprecia el consejo; grandes honores quien atiende la corrección." (Proverbios 13:18). Cuan importante es ser abiertos a un buen consejo que enriquezca nuestra perspectiva y visión; reconocer que estamos equivocados es una característica de la sabiduría. Aceptar la corrección nos ayuda a madurar en nuestro caminar introduciéndonos a nuevas y mejores oportunidades. Por su parte, el apóstol Santiago nos dice: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin reproche alguno.”(Santiago 1:5).

4. Reverenciar al Señor – “La reverencia al Señor conduce a la vida; uno vive contento y sin sufrir ningún mal” (Proverbios 19:23). “La humildad y la reverencia al Señor traen como premio riquezas, honores y vida.” (Proverbios 22:4). El agradar a Dios considerando sus pensamientos en nuestras decisiones, nos ayuda a evitar problemas y dormir tranquilos, además de obtener la gracia de Dios, quien nos abrirá puertas aún con nuestros enemigos. (Proverbios 16:7).

5. Trabajar – “El que trabaja su tierra tiene abundancia de pan, el imprudente se ocupa de cosas sin provecho.”(Proverbios 12:11). Es importante ser diligente para alcanzar lo que deseamos, no hay logros sin esfuerzo; todo esfuerzo trae su recompensa. Debemos centrar nuestra agilidad y nuestra prisa en ejecutar lo prioritario y reducir o evitar las urgencias. De nada sirve un plan si no se ejecuta. Es importante ser entusiasta y disciplinado en el desarrollo de nuestro trabajo, evadiendo los obstáculos sin perder el ánimo. Es vital mantenerse despierto, avisado y advertido. (Proverbios 20:13).

6. Poner en práctica lo aprendido – “El que aprende y pone en práctica lo aprendido, se estima a sí mismo y prospera.”(Proverbios 19:8). Nadie nace sabiendo, ni nunca terminaremos de aprender. Es importante reconocer que necesitamos pasar por el proceso de aprendizaje. Nuestras aptitudes, dones y talentos serán perfeccionados si nos preparamos: leyendo, estudiando, observando y/o escuchando. Nunca perderemos tiempo ni dinero si invertimos en aprender. Nuestro trabajo será más óptimo y productivo si abrimos nuestro entendimiento al aprendizaje, poniendo en acción las técnicas y el conocimiento adquiridos.

7. Ser honrado – “Gran abundancia hay en la casa del hombre honrado, pero al malvado no le aprovechan sus ganancias.” (Proverbios 15:6). Desarrollar los planes de nuestra vida bajo lineamentos de rectitud e integridad nos ayuda a caminar con soltura y seguridad en la senda. Siendo justos, rechazando y denunciando la corrupción obtendremos bendición, felicidad y favor. Las ganancias conseguidas corruptamente son efímeras.

8. Ser generoso – “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.”(Proverbios 11:25). Debemos estar dispuestos a ser dadivosos con el necesitado, debemos mirar con bondad a aquellos que sufren y están limitados de recursos. Ser generoso es compartir de nuestros recursos para solucionar los problemas del prójimo; no es sólo cubrir falencias materiales de otros, sino también las emocionales y espirituales. En este punto se cumple lo que nos enseña el apóstol Pablo cuando dice: “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; pero el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará.” (2 Corintios 9:6).

9. Ahorrar – “El dinero mal habido pronto se acaba, quien ahorra, poco a poco se enriquece.” (Proverbios 13:11). Guardar parte de nuestros ingresos como previsión es una manera inteligente de vivir. La Biblia ilustra esto mencionando a las hormigas, que siendo un animalito con escasas fuerzas asegura su comida en el verano, para soportar el crudo invierno (Proverbios 30:25). Debemos aprender a ser consumidores inteligentes, evitando ser presa de la manipulación publicitaria que muchas veces nos impone satisfacer necesidades no prioritarias. El saldo de nuestro presupuesto mensual debe acabar en azul. Ahorremos dinero comprando ofertas y controlando nuestros gastos; no tengamos más de una tarjeta de crédito, ni nos sobregiremos.

10. Rodearse de buena compañía – “No te hagas amigo ni compañero de gente violenta y malhumorada, no sea que aprendas sus malas costumbres y te eches la soga al cuello.”(Proverbios 22:25). Otras citas bíblicas nos recomiendan no relacionarnos con inmorales, adúlteros, avaros, calumniadores, borrachos, estafadores, perezosos, etc. (I Corintios 5:11, Proverbios 5:8-10; 23:20-21). Es muy importante rodearnos de personas que edifiquen nuestra vida y sean inspiradoras de buenos principios. Seamos cuidadosos con quienes nos asociamos cuando emprendamos algo.

11. Ser fiel – “El hombre fiel recibirá muchas bendiciones.” (Proverbios 28:20a). Debemos cumplir con lealtad nuestras obligaciones para con nuestro prójimo, ejecutando las cosas con exactitud, considerando los intereses ajenos, evitando ser indolentes por su bienestar, rechazando la “criollada.” Del mismo modo, con mayor razón, esta fidelidad debe dirigirse a nosotros mismos y hacia lo que queremos lograr en la vida. Jesús nos enseñó que debemos ser fieles aún en lo poco, aún cuando las cosas no son como esperamos que sean, para comportarnos de igual forma cuando seamos prosperados. (Lucas 16:10a).

12. Cuidar nuestros recursos – “Mantente al tanto de tus ovejas, preocúpate por tus rebaños… de tus corderos tendrás lana para vestirte, de tus cabritos para comprar terrenos y de tus cabras leche abundante para alimentarte tú, tu familia y todos los que estén a tu servicio.” (Proverbios 27:23, 26-27). Cualquier proyecto que deseamos desarrollar en nuestra vida requiere de recursos, pueden ser económicos (dinero), materiales (máquinas, instalaciones, etc.) y de mano de obra (servicio de colaboradores, socios, empleados, etc.). Debemos invertir tiempo y esfuerzo atendiendo y cuidando de ellos.

13. Ser humilde – “Tras el orgullo viene el fracaso, tras la humildad, la prosperidad.”(Proverbios 18:12). La arrogancia, la soberbia, la altivez y la vanagloria cierran oportunidades de crecimiento en nuestras vidas y crea enemigos y nos aísla. Ser humilde consiste en ser consientes y reconocer nuestras propias limitaciones y debilidades; hacerlo es de valientes, porque requiere someter nuestro propio yo y actuar con mansedumbre. Asimismo, ser humilde es actuar con modestia, sin engreimientos ni jactancia.

14. Evitar los vicios – “El que se entrega al placer se quedará en la pobreza; el que ama el vino y los perfumes jamás será rico.” (Proverbios 21:17). En otras palabras, el que ama sobremanera los deseos de los ojos y de la carne será hombre necesitado. Los vicios y malos hábitos reducen nuestras fuerzas y menoscaban nuestro amor propio, además de encerrarnos en situaciones de dependencia que nos conducen hacia la irresponsabilidad personal y social. El apóstol Pablo nos recomienda revestirnos de Jesucristo, es decir, dejarnos llevar e imbuirnos de su influencia y de su Espíritu. (Romanos 13:14).

15. Diezmar y ofrendar al Señor – “Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo.” (Proverbios 3:9-10). El diezmo (10%) es un mandato dado por Dios para quebrantar nuestra dependencia del dinero. Él conoce el corazón humano y sabe lo difícil que es para el hombre despojarse de la ganancia del sudor de su frente. Por esta razón, el diezmo es un acto de fe. Entregar el diezmo al templo para que haya alimento en su casa viene seguido de una fascinante promesa: “Pruébenme en esto y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Exterminaré a la langosta, para que no arruine sus cultivos y las vides en los campos no pierdan su fruto. Entonces todas las naciones los llamarán a ustedes dichosos, porque tendrán una nación encantadora.” (Malaquías 3: 10-12). Las ofrendas y los primeros frutos son otras formas de darle honor y están relacionados a impulsos de amor o solidaridad beneficiando a nuestro prójimo. Existe una advertencia hecha por Jesucristo respecto a la entrega de estos donativos: estar reconciliados, en paz con nuestro prójimo, de lo contrario la promesa divina será estorbada e incumplida en nuestra vida. (Mateo 5:23).

Por último, la prosperidad, además de cumplir la función de satisfacer nuestras necesidades personales, debe orientarse o extenderse hacia nuestro prójimo. Existen dos caminos para alcanzar prosperidad, el camino estrecho y el camino ancho. Los principios expuestos están relacionados a lograr prosperidad a través del camino estrecho, sometiéndonos a disciplina y esfuerzo, actuando con responsabilidad personal y social. Utilizar el camino ancho y espacioso, es lo opuesto y los resultados serán pasajeros, acarreando destrucción en nuestra vida. (Mateo 7:12-14).

26 oct 2008

¿QUÉ ES EL PECADO?

El apóstol Juan nos da una simple y concreta definición de Pecado: "Es infringir la ley de Dios". (I Juan 3:4). Infringir significa transgesión, quebrantar, violar, desobedecer. La ley de Dios nos ha sido dada para restaurar y fortalecer nuestra relación eterna y cercana con nuestro Creador. Nos capacita para vivir una vida abundante y victoriosa mientras estamos en la tierra, para finalmente alcanzar la vida eterna en la morada celestial que Dios nos tiene preparado. En Proverbios 8:36 se nos advierte que quien la rechaza, quien no la toma en cuenta, se perjudica así mismo, mejor dicho, pone su vida en peligro y ama la muerte. Algunos se preguntan "porque los males e injusticias en el mundo". La respuesta es simple, el hombre ha decidido dar la espalda a la Ley de Dios y cosecha las consecuencias.
El video que viene a continuación nos invita a reflexionar sobre el tema.

15 jul 2008

PARECE

"Parece" es una canción que nació para hacernos reflexionar acerca de la veracidad del amor que tenemos de nosotros mismos y del que ofrecemos a los demás. Normalmente como seres humanos nuestro amor es deficiente y confuso, pero cuando conocemos a Jesús aprendemos realmente a amar de la manera correcta. Te invito a disfrutar de este video.


Parece todo fácil jugar con la mentira y la verdad;
pero me siento frágil al no poder vencer mi soledad.

Yo quiero sinceridad, sembrar en mi vida integridad.
Yo quiero armonizar todas mis virtudes para dar.

Parece divertido jugar con ilusiones sin final;
pero estoy perdido dentro de un torbellino emocional.

Basta ya de correr y no llegar, de luchar sin conquistar.
Con Jesús pasos firmes puedo dar y he aprendido a amar.

14 jul 2008

DUALIDAD ESPIRITUAL

Hay un celo que brota en mi corazón cada vez que veo a personas que llamándose “cristianas” suplantan a Jesucristo en el ejercicio de su fe. Asisten a la iglesia cada domingo, sin embargo cuando sus vidas pasan por pruebas acuden y prefieren confiar en ritos paganos, horóscopos, fetiches, imágenes, ocultismo y en algunos casos sacrificios religiosos. En mi país, por ejemplo, algunas de estas personas acuden a chamanes, tarot, pasada de huevo o ruda, pócimas milagrosas, médiums, rezos, procesiones, hábitos, etc. Desarrollan una dualidad espiritual confusa y peligrosa. Se me ocurren dos razones a este comportamiento: no entienden la profundidad del sacrificio de Jesús y desconocen la Palabra de Dios.

El verdadero cristiano es un seguidor y amante de Jesucristo y en Él ha depositado su fe (confianza, fidelidad) completamente. En Hebreos 12 leemos que cuando somos asediados por el sufrimiento, debemos fijar nuestra mirada en Jesús, quien es el iniciador y perfeccionador de nuestra fe. No debemos perder ni distraer nuestra confianza en Jesús, acudiendo o buscando otras fuentes de bendición. Confiar en Jesús es suficiente y trae una gran recompensa.

Cuando en Eclesiastés dice que “hay un tiempo para reír y un tiempo para llorar” (Eclesiastés 3:4), quiere decir implícitamente, que los problemas son parte de nuestro peregrinaje en la vida y cada uno de ellos tiene un inicio y un final. Jesús mismo experimentó sufrimiento en su misión redentora y él nos dio el ejemplo de cómo enfrentarlo. Cuando Jesús vivió la traición, el ser juzgado injustamente y la cruz, en todo momento estaba enfocado en lo que el Padre había preparado para él; las promesas del Padre estaban en su mente. De esa forma Jesús pudo soportar la crisis fielmente. Él no buscó sustitutos, ni confió en el poder sobrenatural que él tenía para hacer milagros, el cual pudo haber usado para librarse de esos momentos horrorosos. Se despojó de ese atributo para experimentar en carne propia el sufrimiento humano (Filipenses 2:6-11). Él oró al Padre y confió en todo momento en sus palabras (Lucas 22:39-44, Juan 17).

El primer mandamiento es súper claro cuando nos dice que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente (Mateo 22:37); Marcos y Lucas agregan con todas nuestras fuerzas, es decir debemos amarlo hasta agotarnos. Amarlo implica entregar toda nuestra confianza y debemos hacerlo con todo nuestro ser. Dios nos dio un camino a través del cual podemos alcanzar sus bendiciones y ese único Camino es Jesucristo, no hay otro. (I Timoteo 2:5, Juan 14:6) Con la muerte de Jesús no sólo alcanzamos la salvación eterna después de morir físicamente, sino que además en vida, podemos obtener restauración y abundancia en lo emocional, físico (incluido lo material) y espiritual porque Él fue despreciado, rechazado, menospreciado, maltratado, humillado, golpeado, despojado y asesinado por nosotros (Isaías 53). Pagó un precio muy alto. Este sacrificio integral de gran amor es el único agradable para el Padre; Él mismo lo proveyó, por eso Jesús es el único medio para llegar al Padre (Juan 3:16). Todas sus promesas de fortaleza, paz, victoria, salud, prosperidad, provisión, protección, etc. están disponibles para nosotros a través de Jesucristo (Juan 14:13; 2 Pedro1:3-4).

La Biblia define la fe como “tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos” (Hebreos 11:1). Este principio es un absoluto. Puede aplicarse en Dios o en dioses sustitutos. De repente es posible lograr los mismos resultados, pero la diferencia se encuentra en, primero, a quien glorifica nuestra fe y segundo, las consecuencias que obtenemos de su aplicación. El apóstol Pedro nos enseña que Dios debe ser glorificado por medio de Jesucristo en todo, porque a Él le pertenecen la gloria y el imperio (I Pedro 4:11). Nuestra fe honra a Dios cuando dirigimos la mirada a Jesucristo en nuestras circunstancias difíciles, porque estamos depositando nuestra confianza en su poder y su Palabra.

Si buscamos caminos sustitutos como los señalados en el primer párrafo, estamos dándole la gloria a los poderes engañosos de las tinieblas. La Biblia nos exhorta y advierte de las consecuencias de cambiar la gloria del Dios inmortal desviando nuestra confianza hacia imágenes, adivinaciones, sortilegios, magias, hechicerías, encantamientos, agoreros y cosas semejantes (Leer Romanos 1:18-32, Deuteronomio 18:9-14; 28); aún nuestras buenas obras o sacrificios religiosos no son merecedoras de nuestra fe porque nos hace jactanciosos, glorificándonos a nosotros mismos creyendo ser merecedores de obtener lo que necesitamos (Efesios 2:8-9, Mateo 6:5-7, Lucas 18:9:14).

¡Cristianos, no seamos de doble ánimo! ¡No seamos inconstantes! Es Dios o el diablo. Es blanco o negro. Es posible que nuestras respuestas tarden cuando clamamos a Dios por una solución en nuestra vida, pero es en esos momentos cuando más debemos aferrarnos a Él. Son tiempos cuando nuestra fe es probada y nuestro carácter perfeccionado. Sus promesas son verdaderas, reales y se cumplen, debemos aprender a esperar en el tiempo de Dios. Las vidas de José y David son un vivo ejemplo de saber esperar el tiempo de Dios. Ellos pasaron por circunstancia realmente difíciles, sin embargo no renegaron de Dios, ni lo cambiaron buscando otros dioses. Se mantuvieron fieles orando y obedeciendo a Dios; como resultado José llegó a ocupar un alto cargo en un país extranjero y David fue rey de su país. Con la parábola de la viuda y el juez injusto, Jesús nos ilustró acerca de la necesidad de orar siempre a Dios y no desmayar en el ejercicio de nuestra fe cuando las cosas no van bien (Lucas 18).

La realidad de las cosas es que mayormente las crisis o problemas en nuestras vidas se suscitan por desarrollarla sin aplicar los principios que Dios nos enseña en su Palabra. Un cristiano que no se da el tiempo de leer la Biblia no sabrá nunca cómo agradar a Dios y errará por ignorancia de las Escrituras y el poder de Dios (Mateo 22:29). Seguir los mandamientos de Dios es un arma de protección y la llave para que sus promesas sean reales en nuestras vidas. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en justicia, a fin de que el cristiano esté enteramente capacitado (preparado) para toda buena obra” (I Timoteo 3:16-17).

El apóstol Pablo nos advierte que Satanás se disfraza de ángel de luz (II Corintios 11:14) y nos recomienda no dejarnos engañar con palabras persuasivas o sutilezas que desvíen la firmeza de nuestra fe en Jesucristo (Colosenses 2:4-8). ¡Cristianos, seamos sabios! La sabiduría se inicia con la obediencia en el Dios que decimos creer. La dualidad espiritual nunca es ni será la mejor opción.

Termino con las palabras de nuestro Maestro: “Todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán. Todo lo que pidan al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Mateo 21:22, Juan 14:13).

20 ene 2008

FORTALECIENDO NUESTRO MATRIMONIO

Introducción

Uno de los mejores espacios para disfrutar la vida es el matrimonio. El matrimonio nos ofrece infinidad de oportunidades para ser creativos y osados. El matrimonio afirma nuestro compromiso con nuestra pareja; es para valientes, porque es para toda la vida. Con el matrimonio alcanzamos niveles de madurez nunca pensados.

La base para desarrollar saludablemente el matrimonio es el amor, es decir, el asumir nuestra responsabilidad y compromiso de hacer feliz a nuestro cónyuge. Este amor debe sostenerse con los años, es una decisión de pacto perenne: “nunca deja de ser” (I Corintios 13:8). Quien se casa afirmando: ‘Él o ella me hará feliz’, está muy equivocado.

Lamentablemente en nuestros días el matrimonio es visto a menos por mucha gente; se casan y viven con la ‘filosofía del desechable’, si sus parejas no satisfacen sus necesidades, las cambian. La consecuencia de esta filosofía son centenares de personas heridas sentimental y emocionalmente; y si hay hijos pequeños de por medio, las consecuencias traumáticas de ser parte de una familia disfuncional, de una u otra forma, trasciende en ellos para sus futuras relaciones interpersonales.

Otros no quieren asumir el riesgo y sólo conviven, evitan aterrorizados la palabra ‘matrimonio’, lo cual pone en duda que exista amor en su relación porque “donde hay amor no hay temor; al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor” (I Juan 4:18a).

En la escuela me enseñaron que el núcleo de toda sociedad es la familia y no puede haber familia sin matrimonio. El fundamento para un sano desarrollo social es fortalecer los matrimonios. Enumeraré algunos principios importantes para lograrlo.

Fortaleciendo nuestro matrimonio

1. Sirvámonos el uno al otro. El matrimonio es el primer y más importante espacio para desarrollar nuestras cualidades de servicio; este servicio es mutuo, “unos a los otros” (Gálatas 5:13b). En Mateo 20:28 leemos que Jesús “no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”, lo que indica que servir implicará sacrificio, es decir, hacer algo por el otro aunque no tenga ganas de hacerlo. Hablo de satisfacer una necesidad de nuestro cónyuge en circunstancias en la que estamos gozando de algún momento placentero o hemos planeado algo diferente que hacer. Este servicio nace del amor mutuo, lo cual genera placer al realizarlo.

2. Escuchémonos. La comunicación es un arma protectora en el matrimonio. Sin comunicación no es posible alcanzar conocimiento acerca de nuestro cónyuge. Es importante hablarnos y oírnos mutuamente acerca de nuestros pensamientos y sentimientos. En la Biblia encontramos muchos eventos de cómo Dios presta vital importancia a este ejercicio motivándonos constantemente a orar (comunicarnos con Dios). En un momento de su relación con Israel, Él afirmó que su pueblo “fue destruido por falta de conocimiento” (Oseas 4:6), es decir, por no atender lo que les ordenaba. Nuestro matrimonio puede experimentar el mismo desastre si no prestamos oído a lo que nuestro cónyuge quiere expresarnos: “…todos ustedes deben estar prontos para oír; en cambio deben ser lentos para hablar…” (Santiago 1: 19a). Dentro de la rutina diaria debemos darnos un espacio para conversar y escucharnos.

3. Ayudémonos mutuamente. En Eclesiastés 4: 9-11 dice: “Mejores son dos que uno; porque mayor provecho obtienen de su trabajo. Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. ¡Pero ay del que cae estando solo, pues no habrá quien lo levante! Además, si dos se acuestan juntos, uno al otro se calientan, pero uno solo, ¿cómo va entrar en calor?”. Una excelente forma de ayudarnos mutuamente es compartir las actividades hogareñas. Es bueno distribuir los quehaceres de la casa a fin de evitar sobrecargar con responsabilidades a uno sólo, y con mayor razón si ambos trabajan. Como mi esposa dice: ‘Entre dos la vida es menos atroz’. Al hablar de ayuda mutua consideramos también el alentarnos y animarnos (I Tesalonicenses 4:18, 5:11), el soportar entre sí las cargas que se presenten y el corregirnos amablemente (Gálatas 6:1).

4. Perdonémonos diariamente. En Mateo 18:35 Jesús nos exhorta a que debemos “perdonar de todo corazón” y en Lucas 17:4, refiriéndose a quienes pecan contra nosotros, nos dice: “aunque peque contra ti siete veces en un día, si siete veces viene a decirte: ‘no lo volveré a hacer’, debes perdonarlo”. Jesús usa el número siete, que simboliza la perfección, enseñándonos que para el perdón no debe haber límites. “De la manera que Cristo los perdonó, así también perdonen.”(Colosenses 3:13c). Y lo sigue haciendo cada vez que se lo pedimos (I Juan 1:9). Sin embargo, creo que no es agradable estar en situaciones de pedir perdón y/o tener que perdonar. Lo mejor es evitar ofender a nuestro cónyuge y seguir los consejos del apóstol Pablo: “debemos agradar a nuestro prójimo (cónyuge) y hacer las cosas para su bien y para la mutua edificación” (Romanos 15:2).

5. Cuidemos nuestras palabras y nuestros pensamientos. En Santiago capítulo 3 se advierte e ilustra claramente acerca del cuidado que debemos tener en el uso de nuestra lengua. Con ella podemos bendecir y al mismo tiempo maldecir. “La lengua amable es un árbol de vida, la lengua perversa hace daño al espíritu.” (Proverbios 15:4); “¡qué grato es hallar la respuesta apropiada y aún más cuando es oportuna!” (Proverbios 15:23); “la respuesta blanda calma el enojo, la respuesta violenta lo excita más.”(Proverbios 15:1); “ninguna palabra corrompida salga de su boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación y traiga beneficios a quienes las escuchen.”(Efesios 4:29). Además se nos exhorta a alejar de nosotros los gritos, los insultos, las críticas y el quejarnos unos a otros. (Efesios 4:30, Romanos 14:13, Santiago 5:9a). Debemos recordar que la palabra dicha tiene poder creativo en sí misma. Con el poder de su Palabra Dios realizó su creación y hemos heredado esa facultad. Nuestro cónyuge merece escuchar de nosotros palabras para su edificación, y salud emocional y espiritual.

Además, el apóstol Pablo nos recomienda: “Piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza.” (Filipenses 4:8). Es muy importante cuidar lo que sembramos en nuestra mente. Actuamos y hablamos conforme a nuestros pensamientos. No podemos dar lugar a pensamientos de desconfianza, de amargura, de venganza ni de malos deseos hacia nuestro cónyuge. Si por algún instante vienen a nuestra mente pensamientos de ese tipo, desechémoslos, no los dejemos madurar. ¡Extirpémoslos de nuestra mente!

6. Mantengamos la unidad. Esposos y esposas somos una sola carne (Efesios 5:31), somos un cuerpo llamado matrimonio. Dios nos ha provisto de talentos “conforme a nuestra capacidad” (Mateo 25:15) para compartirlos entre nosotros y complementarnos. “Hay más dicha en dar que en recibir.” (Hechos 20:35b). La unión de nuestras fuerzas nos permitirá alcanzar nuestras metas comunes e individuales y soportar las pruebas que la vida nos presenta. No debemos dar lugar a contiendas (Filipenses 2:3), sino a retroalimentarnos identificando nuestras habilidades para el bien común, permaneciendo unidos en amor, sin divisiones, sin altivez, viviendo en armonía, pensando y sintiendo de la misma manera. (Colosenses 2:2b, Romanos 12:16, I Corintios 1:10). Todo esto es bueno para lograr una buena planificación, una saludable distribución de roles familiares, enfrentar las pruebas y alcanzar nuestros sueños. Debemos desechar de nosotros el ‘Síndrome del Yo-ísmo’.

7. Busquemos la sabiduría. “La sabiduría comienza por honrar al Señor.” (Proverbios 1:7a). De él procede la verdadera sabiduría: “Adquiere sabiduría y buen juicio; no eches mis palabras al olvido. Ama la sabiduría, no la abandones y ella te dará su protección. Yo te llevaré por el camino de la sabiduría; te haré andar por el buen camino, en el que no habrá estorbos a tu paso, en el que no tropezarás aún cuando corras.”(Proverbios 4:6, 11-12). Es un buen hábito leer regularmente la Biblia y/o libros relacionados como fuente de inspiración para encontrar el consejo divino y aplicarlo en nuestra relación matrimonial. Mi esposa y yo hemos encontrado juntos una excelente forma de buscar la sabiduría divina a través de la lectura diaria de un libro de devocionales bíblicos para matrimonios. Existen muchos en el mercado.

8. Seamos nuestros mejores amigos íntimos. En nuestras vidas individuales hemos hecho muchos amigos y es posible que alguno de ellos sea nuestra ‘chochera’, nuestro ‘pataza’, a quien conocemos de años; sin embargo, en el momento que nos casamos ellos pasan a ser simplemente amigos especiales, porque nuestro ‘único mejor amigo íntimo’ es nuestro cónyuge. Como amigos, los cónyuges debemos desarrollar total confianza, intimidad y transparencia. En Juan 15:15 Jesús nos llama amigos porque nos ha dado a conocer “las cosas que oyó del Padre”, lo cual indica que un amigo es un confidente, alguien que tiene la confianza de revelar sus intimidades.

9. Respetémonos. Respeto, honra y honor son los ingredientes que dan consistencia a nuestro matrimonio. “Maridos sean comprensivos con sus esposas. Denle el honor que les corresponde, teniendo en cuenta que ellas son más delicadas.”(I Pedro 3:7a) “…y la mujer respete a su esposo.” (Efesios 5:33b). Existen innumerables formas de honrar a nuestro cónyuge: hablándole con la verdad, cumpliendo con lo que le ofrecemos, no manipulando sus sentimientos, no ridiculizándolo en público, cuidando sus intereses y su reputación, aceptando pacientemente su indisposición sexual o de otra índole, considerando su opinión antes de tomar una decisión personal, atendiéndolo cuando se enferma, siendo fieles, exaltando sus atributos y cualidades, no imponiéndole nuestras preferencias, aceptando nuestros errores y cambiando de actitud, siendo agradecidos, una llamada avisando que llegaremos con retraso a casa, etc. No olvidemos nunca los votos que nos expresamos mutuamente en la ceremonia matrimonial, nuestro compromiso es cumplirlos incondicionalmente.

10. No matemos el romanticismo. “Mi amado es, entre los hombres, como un manzano entre los árboles del bosque. ¡Qué agradable es sentarme a su sombra! ¡Qué dulce me sabe su fruta! Me llevó a la sala de los banquetes y sus miradas para mí fueron de amor.” (Proverbios 2:3-4). “¡Tú eres hermosa, amor mío; hermosa de pies a cabeza! ¡En ti no hay defecto alguno!” (Proverbios 4:7). Alguna vez escuché decir que el amor se desgasta, que la rutina lo mata. Depende de nosotros que esto no ocurra. Usemos nuestra creatividad para sorprender con detalles a nuestro cónyuge: flores, una tarjeta de amor, una cena especial, un fin de semana fuera de casa, un chocolatito de vez en vez, palabras de halago, coqueteos, o lo que se nos ocurra para mantener encendida la llama que nos atrajo cuando nos conocimos. Estemos alertas a los gustos, preferencias y necesidades de nuestro cónyuge, por más insignificantes que nos parezcan. Con estos detalles haremos sentir a nuestro cónyuge especial y le mostraremos que está vigente en nuestro corazón.

11. Tengamos fe en Dios. Es vital como matrimonio poner nuestra total confianza en Dios. De él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona (Hebreos 12:2). No debemos poner nuestra confianza en las riquezas, ni en nuestras propias opiniones (Proverbios 3:5, 11:28, 28:26), ni en el sistema político o financiero, ni en personas importantes, ni en nuestra propia familia (Salmos 146:3, Jeremías 17:5). En la vida matrimonial enfrentamos retos y pruebas, experimentamos desilusiones y adversidades, pero en todas estas circunstancias nuestra fe debe estar puesta en Dios. “Pon tu vida en las manos del Señor, confía en él y vendrá en tu ayuda.”(Salmos 37:3); “Pero los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como águilas, podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse.”(Isaías 40:31). Para desarrollar nuestra fe en Dios es necesario conocer su mensaje (Romanos 10:17). La Biblia debe ser nuestra fuente. Leámosla, identifiquémonos y pongámosla en práctica; sus promesas de fortaleza, paz, esperanza, sosiego, seguridad, etc. están a nuestro alcance.

12. Esperemos con alegría. En nuestro tiempo existen dos adversarios que pueden socavar nuestro matrimonio: la preocupación y el afán, lo que conocemos como ‘stress’. Estos adversarios roban de nuestros corazones la alegría de vivir y nos mantienen tensos. Debemos entender que “todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” (Eclesiastés 3:1). Aprendamos a esperar en Dios y no perdamos el gozo, aunque los resultados que esperamos tarden (Salmos 42:5, Habacuc 3:17-19). La cosecha llegará en su tiempo, no alteremos su proceso porque podemos obtener resultados defectuosos. No temamos y alegrémonos (Joel 2:21), “el corazón alegre hermosea el rostro.” (Proverbios 15:13a).

Los puntos tratados están relacionados y se complementan. No importa el tiempo que tengamos juntos: un año, cinco, diez, veinte, cincuenta años, nunca es tarde para aplicar estos principios en nuestra relación matrimonial. Lo más valioso que tenemos en la vida es nuestro cónyuge porque los hijos se van.

Si las circunstancias de la vida han opacado el brillo de su matrimonio, si sus egoísmos e inmadurez han apagado la llama del amor, si están deseando y buscando mejorar su relación matrimonial apliquen ‘reingeniería’ con estos principios.


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Textos bíblicos tomados de: “Biblia de Estudio Dios Habla Hoy” (Tercera edición).
“Santa Biblia De Reina y De Valera (Edición letra grande)