
En el transcurso de nuestra vida cada uno de nosotros busca y espera alcanzar la prosperidad, es decir, obtener éxito en todo lo que emprendemos. Cuando nos aventuramos a desarrollar nuestros proyectos personales, anhelamos que cada decisión que hacemos tenga un curso favorable.
Normalmente se relaciona la prosperidad con el obtener dinero o cosas materiales, sin embargo, ser próspero involucra además los aspectos emocionales, espirituales, intelectuales, familiares, de relaciones y salud física. Se trata de lograr bienestar y crecimiento en cada aspecto de nuestra vida. Es vano alcanzar éxito económico, evadiendo impuestos o a costa de fraudes, o lograr promociones laborales descuidando nuestras responsabilidades familiares, o ser reconocidos por nuestras habilidades intelectuales siendo mezquinos y egoístas. La meta de nuestro Señor Jesús es efectivamente, que logremos una vida abundante (Juan 10:10); una vida con gran cantidad de bienestar interna y externa; una vida exitosa integralmente, en su totalidad, extendida a la eternidad.
Mientras leía el libro de Proverbios descubrí algunos puntos importantes que debemos considerar para alcanzar una prosperidad integral en nuestras vidas:
1. Planear bien – “Los planes bien pensados dan buen resultado y son pura ganancia, en cambio, los que se hacen a la ligera y apresuradamente causan fracaso y ruina.” (Proverbios 21:5). Un buen plan debe considerar: trazar una meta, definir objetivos, plantear actividades y desarrollar acciones. Además, la Biblia nos recomienda que “el éxito de un plan depende de los muchos consejeros.” (Proverbios 15:22). Una segunda o tercera opinión de personas confiables y apropiadas nos amplia el panorama y enriquece.
2. Confiar en el Señor – “El que confía en el Señor prospera.” (Proverbios 28:25). Quienes tenemos una relación cercana con nuestro Creador debemos entender que nuestra vida está en sus manos, que sus promesas son verdaderas y se cumplen en su tiempo. No vale la pena enredarse en el stress o el afán. “Bendito el hombre que confía en el Señor y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia y nunca deja de dar fruto.”(Jeremías 17:7-8).
3. Buscar sabiduría – En Proverbios 8:18 y 21 la sabiduría da su discurso y expresa: “Conmigo están las riquezas y la honra, la prosperidad y los bienes duraderos.” “A los que me aman les doy su parte, lleno sus casas de tesoros.” Cuando hablamos de sabiduría nos referimos a la capacidad de actuar prudentemente en la vida, a la facultad de decidir correctamente en el tiempo correcto; a la habilidad de frenar nuestros impulsos y tener dominio propio; y al mismo tiempo, a la valentía de aceptar la corrección, es decir reconocer nuestros errores y cambiar de actitud. (Proverbios 19:20). “Pobreza y deshonra tendrá quien desprecia el consejo; grandes honores quien atiende la corrección." (Proverbios 13:18). Cuan importante es ser abiertos a un buen consejo que enriquezca nuestra perspectiva y visión; reconocer que estamos equivocados es una característica de la sabiduría. Aceptar la corrección nos ayuda a madurar en nuestro caminar introduciéndonos a nuevas y mejores oportunidades. Por su parte, el apóstol Santiago nos dice: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin reproche alguno.”(Santiago 1:5).
4. Reverenciar al Señor – “La reverencia al Señor conduce a la vida; uno vive contento y sin sufrir ningún mal” (Proverbios 19:23). “La humildad y la reverencia al Señor traen como premio riquezas, honores y vida.” (Proverbios 22:4). El agradar a Dios considerando sus pensamientos en nuestras decisiones, nos ayuda a evitar problemas y dormir tranquilos, además de obtener la gracia de Dios, quien nos abrirá puertas aún con nuestros enemigos. (Proverbios 16:7).
5. Trabajar – “El que trabaja su tierra tiene abundancia de pan, el imprudente se ocupa de cosas sin provecho.”(Proverbios 12:11). Es importante ser diligente para alcanzar lo que deseamos, no hay logros sin esfuerzo; todo esfuerzo trae su recompensa. Debemos centrar nuestra agilidad y nuestra prisa en ejecutar lo prioritario y reducir o evitar las urgencias. De nada sirve un plan si no se ejecuta. Es importante ser entusiasta y disciplinado en el desarrollo de nuestro trabajo, evadiendo los obstáculos sin perder el ánimo. Es vital mantenerse despierto, avisado y advertido. (Proverbios 20:13).
6. Poner en práctica lo aprendido – “El que aprende y pone en práctica lo aprendido, se estima a sí mismo y prospera.”(Proverbios 19:8). Nadie nace sabiendo, ni nunca terminaremos de aprender. Es importante reconocer que necesitamos pasar por el proceso de aprendizaje. Nuestras aptitudes, dones y talentos serán perfeccionados si nos preparamos: leyendo, estudiando, observando y/o escuchando. Nunca perderemos tiempo ni dinero si invertimos en aprender. Nuestro trabajo será más óptimo y productivo si abrimos nuestro entendimiento al aprendizaje, poniendo en acción las técnicas y el conocimiento adquiridos.
7. Ser honrado – “Gran abundancia hay en la casa del hombre honrado, pero al malvado no le aprovechan sus ganancias.” (Proverbios 15:6). Desarrollar los planes de nuestra vida bajo lineamentos de rectitud e integridad nos ayuda a caminar con soltura y seguridad en la senda. Siendo justos, rechazando y denunciando la corrupción obtendremos bendición, felicidad y favor. Las ganancias conseguidas corruptamente son efímeras.
8. Ser generoso – “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.”(Proverbios 11:25). Debemos estar dispuestos a ser dadivosos con el necesitado, debemos mirar con bondad a aquellos que sufren y están limitados de recursos. Ser generoso es compartir de nuestros recursos para solucionar los problemas del prójimo; no es sólo cubrir falencias materiales de otros, sino también las emocionales y espirituales. En este punto se cumple lo que nos enseña el apóstol Pablo cuando dice: “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; pero el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará.” (2 Corintios 9:6).
9. Ahorrar – “El dinero mal habido pronto se acaba, quien ahorra, poco a poco se enriquece.” (Proverbios 13:11). Guardar parte de nuestros ingresos como previsión es una manera inteligente de vivir. La Biblia ilustra esto mencionando a las hormigas, que siendo un animalito con escasas fuerzas asegura su comida en el verano, para soportar el crudo invierno (Proverbios 30:25). Debemos aprender a ser consumidores inteligentes, evitando ser presa de la manipulación publicitaria que muchas veces nos impone satisfacer necesidades no prioritarias. El saldo de nuestro presupuesto mensual debe acabar en azul. Ahorremos dinero comprando ofertas y controlando nuestros gastos; no tengamos más de una tarjeta de crédito, ni nos sobregiremos.
10. Rodearse de buena compañía – “No te hagas amigo ni compañero de gente violenta y malhumorada, no sea que aprendas sus malas costumbres y te eches la soga al cuello.”(Proverbios 22:25). Otras citas bíblicas nos recomiendan no relacionarnos con inmorales, adúlteros, avaros, calumniadores, borrachos, estafadores, perezosos, etc. (I Corintios 5:11, Proverbios 5:8-10; 23:20-21). Es muy importante rodearnos de personas que edifiquen nuestra vida y sean inspiradoras de buenos principios. Seamos cuidadosos con quienes nos asociamos cuando emprendamos algo.
11. Ser fiel – “El hombre fiel recibirá muchas bendiciones.” (Proverbios 28:20a). Debemos cumplir con lealtad nuestras obligaciones para con nuestro prójimo, ejecutando las cosas con exactitud, considerando los intereses ajenos, evitando ser indolentes por su bienestar, rechazando la “criollada.” Del mismo modo, con mayor razón, esta fidelidad debe dirigirse a nosotros mismos y hacia lo que queremos lograr en la vida. Jesús nos enseñó que debemos ser fieles aún en lo poco, aún cuando las cosas no son como esperamos que sean, para comportarnos de igual forma cuando seamos prosperados. (Lucas 16:10a).
12. Cuidar nuestros recursos – “Mantente al tanto de tus ovejas, preocúpate por tus rebaños… de tus corderos tendrás lana para vestirte, de tus cabritos para comprar terrenos y de tus cabras leche abundante para alimentarte tú, tu familia y todos los que estén a tu servicio.” (Proverbios 27:23, 26-27). Cualquier proyecto que deseamos desarrollar en nuestra vida requiere de recursos, pueden ser económicos (dinero), materiales (máquinas, instalaciones, etc.) y de mano de obra (servicio de colaboradores, socios, empleados, etc.). Debemos invertir tiempo y esfuerzo atendiendo y cuidando de ellos.
13. Ser humilde – “Tras el orgullo viene el fracaso, tras la humildad, la prosperidad.”(Proverbios 18:12). La arrogancia, la soberbia, la altivez y la vanagloria cierran oportunidades de crecimiento en nuestras vidas y crea enemigos y nos aísla. Ser humilde consiste en ser consientes y reconocer nuestras propias limitaciones y debilidades; hacerlo es de valientes, porque requiere someter nuestro propio yo y actuar con mansedumbre. Asimismo, ser humilde es actuar con modestia, sin engreimientos ni jactancia.
14. Evitar los vicios – “El que se entrega al placer se quedará en la pobreza; el que ama el vino y los perfumes jamás será rico.” (Proverbios 21:17). En otras palabras, el que ama sobremanera los deseos de los ojos y de la carne será hombre necesitado. Los vicios y malos hábitos reducen nuestras fuerzas y menoscaban nuestro amor propio, además de encerrarnos en situaciones de dependencia que nos conducen hacia la irresponsabilidad personal y social. El apóstol Pablo nos recomienda revestirnos de Jesucristo, es decir, dejarnos llevar e imbuirnos de su influencia y de su Espíritu. (Romanos 13:14).
15. Diezmar y ofrendar al Señor – “Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo.” (Proverbios 3:9-10). El diezmo (10%) es un mandato dado por Dios para quebrantar nuestra dependencia del dinero. Él conoce el corazón humano y sabe lo difícil que es para el hombre despojarse de la ganancia del sudor de su frente. Por esta razón, el diezmo es un acto de fe. Entregar el diezmo al templo para que haya alimento en su casa viene seguido de una fascinante promesa: “Pruébenme en esto y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Exterminaré a la langosta, para que no arruine sus cultivos y las vides en los campos no pierdan su fruto. Entonces todas las naciones los llamarán a ustedes dichosos, porque tendrán una nación encantadora.” (Malaquías 3: 10-12). Las ofrendas y los primeros frutos son otras formas de darle honor y están relacionados a impulsos de amor o solidaridad beneficiando a nuestro prójimo. Existe una advertencia hecha por Jesucristo respecto a la entrega de estos donativos: estar reconciliados, en paz con nuestro prójimo, de lo contrario la promesa divina será estorbada e incumplida en nuestra vida. (Mateo 5:23).
Por último, la prosperidad, además de cumplir la función de satisfacer nuestras necesidades personales, debe orientarse o extenderse hacia nuestro prójimo. Existen dos caminos para alcanzar prosperidad, el camino estrecho y el camino ancho. Los principios expuestos están relacionados a lograr prosperidad a través del camino estrecho, sometiéndonos a disciplina y esfuerzo, actuando con responsabilidad personal y social. Utilizar el camino ancho y espacioso, es lo opuesto y los resultados serán pasajeros, acarreando destrucción en nuestra vida. (Mateo 7:12-14).