26 ago 2009

DIVINA TORTÍCOLIS

Han pasado dos años desde que llegamos a Canadá con el objetivo de construir un mejor futuro. No llegamos a la deriva. Nuestro Padre, en su infinita bondad nos dio una Palabra que nos afirmó y es el generador de nuestro ímpetu para salir adelante en estas tierras lejanas. Él nos dijo: “Solamente te pido que tengas mucho valor y firmeza para cuidar de hacer mi Palabra, no te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará donde quiera que vayas.” (Josué 1:7-9).

Cada vez estamos más convencidos que la gracia de nuestro Padre nos sostiene y con su ayuda lograremos alcanzar los sueños que Él pone en nuestro corazón. Sabemos muy bien que su Palabra se cumple en su tiempo. Nosotros hacemos nuestra parte y Él hace la suya. Al llegar, lo primero que hicimos fue buscar una iglesia donde congregarnos como nos aconseja el apóstol Pablo (Hebreos 10:25). De la misma manera como lo hacíamos en Lima, continuamos sirviendo al Padre en una iglesia local con los dones que Él nos ha dado y cumpliendo con nuestros diezmos; vamos creciendo en su conocimiento y en la extensión de nuestra red de hermanos en la familia de Dios.

Cuando me inserté laboralmente en Canadá, dispuse en mi corazón no aceptar ofrecimientos de trabajo los días domingos. Más de una vez rechacé esta posibilidad, a pesar de que representaba más ingresos por horas extras. Considero que es vital para un cristiano apartar ese día; dedicarlo al servicio del Señor y a reforzar los lazos familiares. Sin embargo, hace un mes atrás esta determinación fue puesta a prueba una vez más.

Todos conocemos cómo la recesión económica global viene afectando a los países y Canadá no es la excepción. Siete meses atrás la compañía para la que trabajo inició un recorte progresivo de horas laborales que afectó mis ingresos hasta un 40%. Mi responsabilidad de proveedor en la familia me condujo a ponerme en búsqueda de otro trabajo a tiempo parcial o completo, con el objetivo de alcanzar las cuarenta horas semanales, pero todo esfuerzo fue en vano. Fueron momentos en las que las palabras del apóstol Santiago de “sentirme dichoso cuando tenga que enfrentar diversas pruebas” (Santiago 1:2) eran un poco difíciles de entender. Ya la angustia comenzaba a tomar lugar en mi corazón.

En medio de esta crisis, mi jefe me ofreció la oportunidad de hacer más horas un domingo y acepté. Cuando llegó aquel día pasó algo inusual, algo que atribuyo fue una corrección divina. ¡Desperté con tortícolis! Amanecí con un fuerte dolor en el cuello y no podía moverlo libremente. Obviamente tuve que comunicarle a mi supervisor que no asistiría a trabajar. Visité al médico ese mismo día y me aconsejó un buen masaje. Al día siguiente lunes, fui a trabajar como de costumbre. Bien dice David: “El Señor conoce los pensamientos humanos y sabe que son absurdos.” (Salmos 94:11).

Meditando en lo acontecido, pude darme cuenta que el Padre me estaba enseñando que debía “echar toda mi ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de mí y que debía resistir firme en la fe.” (I Pedro 5:7,9). Fue así que tuve el valor de rechazar otro ofrecimiento similar la semana siguiente. Debía confiar que algo pasaría y Dios no tardó. A los pocos días, el gerente me pidió trabajar algunas horas más en los días que me habían recortado y ahora ya casi estoy completando mis cuarenta horas semanales sin necesidad de trabajar los domingos. Adicionalmente a esto, en simultáneo, recibí una respuesta afirmativa respecto a una beca completa para continuar mis estudios de inglés.

Te invito a ser sensible a la corrección del Señor “para que puedas enfrentar tranquilo los días de aflicción (Salmos 94:12) y a “encomendar al Señor tu camino, confía en Él, y Él actuará.” (Salmos 37:5).

“No bien decía: ‘Mis pies resbalan’, cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda. Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.”
(Salmos 94:18-19)

1 ago 2009

VUELVE A CASA Y CUÉNTALO

Había estado soñando con una batalla espiritual que enfrentábamos un grupo de hermanos contra gente endemoniada. Estábamos en una calle de la ciudad, frente a frente, como dos pandillas urbanas. Mientras los reprendíamos en el nombre de Cristo, ellos se esforzaban inútilmente en hacernos daño. Me conmovió ver sus caras de angustia y desesperación, me puse a llorar y desperté muy temprano entre lágrimas.

Luego, después de unos minutos de sollozar en la cama, continué mi lectura del evangelio de Lucas. El pasaje bíblico de aquella mañana, Lucas 8: 26-39, trata acerca de la liberación de un hombre endemoniado. Éste que había abandonado su casa, vivía desnudo y solitario en los cementerios de la ciudad, siendo un estorbo para sus pobladores, un día tuvo un encuentro personal con Jesucristo y fue liberado, sanado, salvado. Este gadareno (habitante de Gadara) había estado poseído, es decir, tenía una voluntad subyugada a los demonios y no tenía control de sí mismo. Jesús restauró su vida completamente y volvió a casa.

La experiencia de este hombre me hizo reflexionar respecto a la gran cantidad de gente en nuestra sociedad que viven presos de demonios que sujetan su voluntad y que sufren soledad en su espíritu. Estos demonios se manifiestan en malos hábitos, vicios y/o en actitudes dominantes negativas del carácter que no pueden dejar por años y están atados a ellos con consecuencias muchas veces desastrosas. Malos hábitos sociales como el alcoholismo, el consumo de tabaco, drogas alucinógenas y pornografía, la ludopatía (adicción a juegos electrónicos y de azar), las adicciones sexuales, la religiosidad, la brujería y la violencia. Hábitos negativos del comportamiento como la ira, el chisme, la gula, los celos, el egoísmo, la verborrea y pensamientos obscenos, e inclusive la pereza, la autosuficiencia, la timidez, el temor y la dejadez suelen arruinar una vida o limitarla, transcendiendo negativamente al prójimo. Basta con revisar los medios de comunicación para darnos cuenta de las consecuencias: asesinatos, injusticias sociales, corrupción, violaciones sexuales, suicidios, muertes súbitas por sobredosis o accidentes en las pistas, enfermedades transmitidas, narcotráfico, más gente visitando psiquiatras y psicólogos, divorcios, madres solteras, abortos, robos, pobreza, obesidad, estafas, etc.

En su encuentro con Jesucristo, la primera reacción del gadareno fue rechazarlo. Jesús había decidido liberarlo y él respondió “no te metas conmigo”. Igualmente, en nuestros días muchas personas en las mismas condiciones que este hombre, dan la misma respuesta y rechazan la obra redentora de Jesucristo, ya sea por conformismo, orgullo, incredulidad o temor. Sin embargo, en lo profundo de sus almas anhelan ser libres. Bien, Jesús conociendo acerca de esto, actuó con autoridad con el gadareno y ordenó a los demonios salir de su cuerpo y este fue totalmente salvado. Pero no sólo lo liberó de los demonios. Cuando la gente vino a verlo, este hombre estaba “vestido y en su sano juicio.” Esto me habla de un Dios proveedor y restaurador; de un Dios que cubre necesidades espirituales, pero también materiales y físicas.

Después de esto, el gadareno le rogaba a Jesús le permitiera acompañarlo, pero Jesús le respondió: “Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti.” Estas palabras fueron las que más atrajeron mi atención aquella mañana. En nuestros días muchas personas que han tenido un encuentro personal con Jesús, movidos por la emoción de aquella experiencia, buscan ardientemente involucrarse a tiempo completo en el trabajo de la iglesia con el ánimo de servirlo y hasta toman rigurosos estudios teológicos, cuando en realidad Jesús sólo les está diciendo: “Vuelve a casa y cuéntales todo lo que Dios ha hecho por ti.” Dios quiere que la gente común hable de Él. No tenemos que poseer una maestría en “espiritualidad” para contar de las maravillas que hace Dios. Y el gadareno no sólo lo contó en su casa, sino que fue por todo el pueblo contando lo que Dios hizo por él. Sin querer se convirtió en un evangelizador.

Las palabras de Jesús nos retan a no callar, nos motivan a anunciar lo que Él es capaz de hacer en nuestras vidas. Por este motivo, esta vez quiero contarles algo muy personal. Cuando tuve mi encuentro con Jesucristo, su poder de amor me liberó de mi atadura a la pornografía y pensamientos obscenos que afectaron mi vida personal y mi relación con las mujeres, así como del vicio del tabaco, llegué a fumar hasta dos cajetillas al día. Dios me vistió con nuevas ropas al poner en mi mente sus pensamientos y me dio sano juicio cuando le entregué mi debilidad a Jesús y me rendí a Él. Después de aquello, Dios continúa su obra en mi vida, moldeando mi carácter al suyo y me ha concedido muchos deseos de mi corazón. Sé que hasta que dé mi último aliento, seguiré siendo perfeccionado por su amor.

Es probable que como yo, hayas experimentado un encuentro personal con Jesús y Él te ha liberado de algún vicio o una pasión desenfrenada dominante que te ataba, afligía y avergonzaba. Te animo a hacer lo mismo que el gadareno hizo. Vuelve a casa (familia, amigos, barrio, vecindad) y cuéntales lo que Dios ha hecho por ti y lo que viene haciendo cada día de tu vida. No lo guardes para ti. Dalo a conocer y Dios hará más por ti.

Y si todavía te sientes atado a algo que no te deja crecer espiritual y emocionalmente, a pesar de tu encuentro con Jesús, te exhorto a rendirte completamente a Él. Recuerda que si estás en Cristo, eres una nueva criatura y las cosas viejas pasaron, ahora todas son hechas nuevas (II Corintios 5:17). Despójate del viejo hombre o mujer con sus hechos y revístete del nuevo, conforme a la imagen de nuestro Creador, renovándote hasta conocerlo plenamente (Colosenses 3:9-10). Mediante el bautismo fuiste sepultado con Jesús en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también tú, andes en una nueva vida (Romanos 6:3-4).

Por último, si tú eres de aquellos que le han dicho a Jesús “no te metas conmigo”, te invito a reflexionar y reconsideres aceptar de su gracia sanadora. Nadie, ni nada logrará liberarte de los “demonios” que te atormentan. El poder del amor de Dios está a tu disposición. Sólo cree en Él y entrégale tu vida Jesús. Bastará una sincera oración. Pongo a tu disposición un modelo que te puede ayudar: “Dios me arrepentimiento por haber vivido hasta hoy lejos de ti. Acepto a Jesús, tu Hijo, como mi Salvador y Señor en mi vida. Te abro la puerta de mi corazón, te pido que me perdones y me libres de (menciona la debilidad o vicio). Lléname con tu Espíritu Santo y ayúdame a conocerte más. Gracias Dios por tu amor.” Después de esto, debes asumir el compromiso de: 1. Mantenerte en contacto diario con Dios por medio de la oración y la lectura de la Biblia. 2. Alejarte de las cosas, personas y/o circunstancias que están relacionadas con el vicio o la debilidad que le has pedido a Dios te libre. Haz tu parte y Él hará la suya. Estoy seguro que pronto podrás contarnos lo que Dios ha hecho por ti.