12 jul 2009

MATAR O MORIR

Una mañana, mientras despertaba para ir a trabajar, continuamente escuchaba en mi mente esta frase: “Matar o Morir”. No tengo la más mínima idea qué motivó este pensamiento, no recuerdo lo que soñé la noche anterior, sin embargo, mientras meditaba en ellas de inmediato pude darme cuenta de lo que significaban estas palabras. Cada uno de nosotros tenemos la capacidad de decidir “matarnos a nosotros mismos” o “morir a nosotros mismos” ¿Cuál es la diferencia?

La Biblia nos enseña que la naturaleza humana está inclinada al pecado y quienes viven conforme a ella, fijan su mente en los deseos de tal naturaleza, en los placeres de la carne. Tal mentalidad pecaminosa mata y es enemiga de Dios porque no se somete a su Ley. Por lo tanto, viviendo según esta naturaleza será imposible agradar a Dios (Romanos 8). Podemos afirmar que cuando alguien decide desarrollar su vida bajo el dominio de esta naturaleza termina quitándose la vida, acabándose a sí mismo, aniquilando su cuerpo y alma, extinguiendo su espíritu. “El que cava la fosa, en ella se cae; al que abre brecha en el muro, la serpiente lo muerde.” (Eclesiastés 10:8). “La senda de quienes no se deleitan en la Ley del Señor, meditando en ella de día y de noche, los lleva a la perdición.” (Salmo 1). “El ocuparse en seguir las inclinaciones de la carne lleva a la muerte.” (Romanos 8:6).

En Gálatas 5:19-21 encontramos que las obras de vivir bajo el dominio de la naturaleza pecaminosa son: adulterio (relaciones sexuales fuera del matrimonio), fornicación (relaciones sexuales premaritales), deshonestidad, lascivia (vicios), idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, arrebatos de ira, rivalidades, riñas, sectarismos, envidia, borracheras, orgías y cosas similares a estas. Ahora bien, ¿y qué de las cosas similares? Recorriendo la Biblia podemos encontrarlas: amargura, falta de perdón, manipulación, autocompasión, avaricia, cobardía, codicia, conformidad, calumnia, murmuración, crítica (juzgar a los demás), crueldad, curiosidad, egocentrismo, desconfianza, desobediencia, distracción, egoísmo, falta de respeto, irritabilidad, hipocresía, impaciencia, indiferencia, desánimo, ingratitud, mentira, mezquindad (tacañería), altivez, autosuficiencia, preocupación, presunción, vanidad, rebelión, burla, susceptibilidad, pereza, trabajo excesivo, irresponsabilidad, incredulidad, injusticias, religiosidad, ocultismo, charlatanería, robo, asesinato, infidelidad, engaño, masoquismo, discriminaciones, sarcasmo, sadismo, desviaciones sexuales, paganismo, necedad, gula, griteríos, insultos, lenguaje obsceno, intolerancia, esoterismo, impureza mental, adivinaciones, desamor, malhumor, malicia y cualquier otro acto o sentimiento que ofende a Dios y a nuestro prójimo. Entonces, cuando en nuestra vida practicamos cualquiera de estas obras, estamos “matándonos a nosotros mismos.”

El apóstol Pablo a lo largo de sus cartas nos exhorta a no satisfacer los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa, ni andemos pensando en ellos. Al contrario, nos motiva a hacer morir nuestras malas inclinaciones. Es decir, nos estimula a que debemos cesar tales acciones, darles término, extinguirlos de nosotros. Debemos desear vehementemente desarrollar nuestra vida lejos de la influencia de nuestra naturaleza caída. A esto se refiere el “morir a nosotros mismos.”

¿Es posible ser libres de la influencia de nuestra naturaleza pecaminosa? Sí, es posible. Esa es la buena noticia de Dios para nosotros. Por medio del sacrificio de Jesucristo nosotros podemos serlo, porque él vino en la misma condición de pecador y se ofreció en sacrificio por el pecado. Así Dios condenó al pecado en la naturaleza humana. Por lo tanto, si estamos unidos a Jesucristo por su Espíritu Santo, somos más que vencedores frente al pecado (Romanos 8). Para lograr esta unidad con Jesucristo, es necesario entregarle la vida y su Espíritu vendrá a morar en nuestros cuerpos mortales (I Corintios 6:19). Es la única manera de renacer espiritualmente, Él nos hace nuevas criaturas (II Corintios 5:19).

Ahora bien, el “morir a nosotros mismos”, está referido a no dejarnos dominar por nuestra naturaleza pecaminosa, y esto no se logra de la noche a la mañana, es un proceso de santificación que toma todo el tiempo de nuestra existencia en esta tierra. A medida que busquemos más de la presencia de Dios en nosotros, por medio de la oración y la meditación de su Palabra, Él nos revelará cómo lograrlo. Jesucristo nos podará para que llevemos más del fruto de su Espíritu (Juan 15:2). La acción de “morir a nosotros mismos” debe ser una acción de amor a Dios, porque si morimos para el Señor morimos (Romanos 14:8).

Pablo califica al “morir a nosotros mismos” cómo vivir según el Espíritu Santo fijando nuestra mente en sus deseos, lo cual trae verdadera felicidad (Romanos 8:6). Y los frutos del Espíritu son: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio (Gálatas 5:22). Asimismo, recorriendo la Biblia encontramos que agradan a Dios nuestra: obediencia, fe en Él, diligencia, humildad, sabiduría, honestidad, verdad, justicia, sobriedad, misericordia, responsabilidad, desinterés, perdón, sujeción a la autoridad, honradez, buenas palabras, nobleza, esfuerzo, valentía, pureza mental y sexual, esperanza, servicio, gentileza, respeto, disciplina, benevolencia, alegría, sensatez, generosidad, lealtad, tolerancia, gratitud, confianza, serenidad, perseverancia, buen humor y todos los demás atributos que edifican.

Una clave para derrotar a nuestra naturaleza es cuidar lo que vemos y lo que oímos. La Biblia nos dice que todo nos es lícito, todo nos está permitido, pero que no todo nos conviene, no todo es para nuestro bien (I Corintios 6:12). Así que está en nuestras manos el decidir “matarnos a nosotros mismos” o “morir a nosotros mismos”. Por nuestros frutos seremos conocidos (Mateo 7:16).

Matar o morir no tiene nada que ver con nuestra condición socio-económica o formación intelectual y/o profesional. Sea cual fuera, se trata de nuestra capacidad de entender que para gozar de la vida eterna, abundante y de los ríos de agua viva en nuestro interior que Dios quiere darnos, depende de nosotros, de nuestra negación al yo y sujeción a su Espíritu; de lo contrario, seremos desechados y nos secaremos como las ramas que se recogen y se echan al fuego y arden (Juan 10:10, 7:38, Romanos 6:23, Juan 15:6).

“Como hijos obedientes no se amolden a los malos deseos que antes tenían, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es Santo quien los llamó… Sabiendo que fueron rescatados de su vana manera de vivir que heredaron de sus antepasados
(I Pedro 1:14-18).

2 comentarios:

  1. Que lindo artículo, hace reaccionar.
    Gracias por recordarme que todo debe ser un "vivir" en DIos.
    Despues de haber vivido una mala experiencia con una persona, quien actuo insensiblemente conmigo, atine a rezar y pense que solo debia retribuir con mi amor a todos sin excepcion, asi que hoy que acabo de leer "matar o morir", no fue mas que un empujon final para dejar atras esos malos sentmientos.
    Querido Tato, un super abrazo y gracias.
    Clara

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  2. Me complace leer los artículos en tu blog, y siempre me llegan en el momento preciso.
    Techy

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