6 dic 2014

EN PAZ ME ACOSTARÉ


Este tema es la mejor canción de cuna que he usado para mis hijos. "En paz me acostaré" está inspirada en Salmos 4 y declara nuestra confianza en Dios. La letra dice:

//Estaba en angustia
tú me hiciste ensanchar,
cuando clamé a ti,
tu misericordia oyó mi oración,
escogido soy para ti.//

CORO
//En paz me acostaré, en paz me dormiré,
//porque en ti vivo confiado.//

La luz de tu rostro
sobre mí has alzado
y  me diste alegría.
Medito en mi corazón
estando en cama y callo.

CORO

MANDAMIENTO CON REGALÍAS

Leyendo los sabios Proverbios que Dios inspiró a Salomón, encontré unos versículos que muestran las consecuencias de ayudar y no ayudar a los pobres. Las declaraciones contra aquellos que menosprecian a los pobres son muy severas e invitan a un rotundo cambio de actitud, mientras que las declaraciones para aquellos que son generosos con los pobres promueven bendiciones.

Proverbios 14:21, nos revela que menospreciar al pobre, que es lo mismo a ignorar, relegar y despreciar, nos hace pecadores; y Proverbios 28:27, sentencia que negar la ayuda al pobre acarrea maldición para uno mismo. Un pecador es aquel que está alejado de Dios, ignorando su voluntad, viviendo según su parecer. Una maldición es un daño, desgracia, pena, castigo de cualquier índole: económico, físico, familiar, espiritual, emocional, etc. que acontece en nuestras vidas por desobedecer a Dios. Por lo tanto, ayudar al pobre es un mandamiento.
 
Por el contrario, tener misericordia de los pobres nos hace bienaventurados, que es lo mismo a dichosos, afortunados, felices y satisfechos (Proverbios 14:21). Y Proverbios 19:17, nos enseña la mejor forma de invertir nuestro esfuerzo, tiempo y dinero para lograr bienestar en la vida es servir al pobre, ya que Dios se encargará de pagarnos por esta buena acción.
 
Jesús le respondió al joven rico que para lograr la perfección, es decir, un completo desarrollo, crecimiento y madurez en la tierra, era necesario despojarse de lo material y darlo a los pobres, de manera de acumular tesoros en el cielo (Mateo 19:21). Esto me revela que cuando lleguemos al cielo recibiremos ciertos privilegios o dones que hemos acumulado por nuestra generosidad con los pobres en nuestra vida terrenal.
 
A través de "Promesas", producción musical que lancé en el año 2006, nosotros podemos aumentar nuestros privilegios en los cielos, ya que al comprar el Cd estamos contribuyendo económicamente con proyectos de ayuda social, servicio y bienestar para niños pobres del altiplano del Cusco-Perú. Visita: http://tatomarquezh.bandcamp.com/album/promesas

9 sept 2014

NUEVOS ESTATUS


Al aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador nuestra condición delante de Dios ha sido cambiada. Por medio de Jesús hemos alcanzado nuevos estatus en el Reino de Dios. Tomemos con seriedad cada uno de ellos y gocemos de sus privilegios con responsabilidad.
 
1. Hijos de Dios – Todas las personas son criaturas de Dios, pero no todas son hijos de Dios. Como hijos tenemos un gran Padre quien nos cuida, provee, enseña, premia, ama, protege y corrige. Como hijos tenemos un gran Padre a quien honrar y someternos; podremos gozar de la gran herencia que tiene para nosotros, la vida eterna.

Juan 1:12 - Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Romanos 8:16 - Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

Gálatas 4:6 - Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama el puro afecto de su voluntad.

1 Juan 3:2 - Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de: Abba, Padre.

Efesios 1:5 - En amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.

2.  Escogidos – Alguien que es escogido ha pasado por un proceso de selección. Para ser escogidos  debemos cumplir con los requisitos necesarios y tener los atributos mínimos. Dios nos escogió porque vio nuestra fe y la disposición de nuestro corazón.

Mateo 22:14 - Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
     
Romanos 8:33 - ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

Marcos 13:20 - Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos que él escogió, abrevió aquellos días.

3.  Cercanos – Alguien que es cercano tiene intimidad, confianza y comparte experiencias de vida. Ya no somos lejanos y desconocidos para Dios, él conoce nuestro nombre y está con nosotros todos los días.

Efesios 2:13 - Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Salmos 145: 18 - Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras.

4.  Aptos – Dios nos ha hecho competentes, idóneos, capaces para vivir una vida cristiana exitosa y vencer los obstáculos que el enemigo nos pone, para tomar decisiones sabias, para alcanzar la santidad que Dios nos pide.

Colosenses 1:12 - Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz.

2 Corintios 3:4-5 - Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios.
  
5. Libres – En Cristo una persona libre es aquella que ya no es esclava de pasiones carnales, ni atada a religiosidad, ni presa por el temor, ni sometido a la corriente de este mundo y al diablo. Ser libres en Cristo paradójicamente quiere decir ser “esclavos” del Espíritu Santo.

Juan 8:36 - Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Gálatas 5:1 - Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el yugo de servidumbre.

1 Pedro 2:16 - Como libres, y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia, sino como siervos de Dios.

Romanos 8:2 - Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Colosenses 1:13 - Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo. 
6.   Siervos – En el Reino de Dios un siervo no es lo mismo que esclavo. Ser siervo significa servir a Dios por amor, respeto y gratitud. Servimos a Dios porque estamos sometidos a su amor, y a su santa y perfecta voluntad. Pero este servicio se extiende también a nuestro prójimo.
Romanos 6:22 - Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna.
 Efesios 6:6 - No sirviendo al ojo, como los que agradan  a los hombres; sino como siervos de Cristo, haciendo de ánimo la voluntad de Dios.
 Mateo 20:26-27 - El que quiera hacerse grande entre ustedes será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes será su siervo. 
7.  Salvos – Salvo es aquel que está fuera de peligro, en nuestro caso, estamos fuera de peligro de la maldición del pecado y la muerte eterna. Al aceptar a Cristo como Señor y Salvador estamos seguros que hemos alcanzado vida abundante y vida eterna. Somos salvos de vivir en derrota y de pasar la eternidad en el infierno.
Hechos 4:12 - Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
 Efesios 2:8 - Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
 1 Timoteo 2:4 - El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad. 
8.  Bienaventurados – Los cristianos somos afortunados, felices y dichosos porque hemos sido perdonados de nuestros pecados. Somos bienaventurados porque vivimos en el contentamiento de hacer la voluntad de Dios y confiar en él.
Romanos 4:7 - Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas y cuyos pecados son cubiertos.
1 Pedro 3:14 - Pero también si alguna cosa padecéis por hacer bien, sois bienaventurados. Por tanto, no temáis por el temor de ellos, ni seáis turbados.
Proverbios 16:20 - El entendido en la palabra hallará el bien y el que confía en Jehová es bienaventurado.
9. Completos – Nosotros estamos llenos, repletos y saturados del amor Cristo. No estamos partidos, con un pie en el Reino y otro pie en el mundo; nuestro corazón está totalmente ocupado por y para Dios.
Colosenses 2:9-10 - Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.
Efesios 3:19 - Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. 
10. Justificados – Por medio de Cristo hemos sido disculpados y excusados delante de Dios. Ahora no tenemos por qué sentirnos culpables ni condenados debido a nuestros pecados pasados.
Romanos 3:24 - Siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús.
Romanos 5:9 - Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
Romanos 5:1 - Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
11. Justos y Santos – Alguien justo y santo es aquel que es íntegro, recto, ecuánime, puro y honesto. Al nacer de nuevo en Cristo se nos ha implantado interiormente semillas de pureza, integridad y rectitud. Siendo justos nuestras oraciones pueden alcanzar grandes resultados. Como santos estamos llamados practicar pureza y la virtud.
Romanos 5:19 - Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.
Santiago 5:16 - Confesaos vuestras faltas unos a otros y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración eficaz del justo puede mucho.
Colosenses 1:21-22 - Y ustedes, que eran en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de su carne, por medio de la muerte, para haceros santos, y sin mancha e irreprensibles delante de él.
Romanos 8:27 - Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios, demanda por los santos.
12. Enriquecidos – en Cristo ya somos prósperos, florecientes y ricos en todas las cosas, tanto espirituales como materiales, aunque físicamente no lo veamos; debemos vivir con una mentalidad de ricos y no de pobres. Pero también hemos sido beneficiados de todas sus promesas y enriquecidos con dones espirituales. Somos enriquecidos para ser bondadosos con los que tienen menos que nosotros.
1 Corintios 1:4-5 - Gracias doy a mi Dios siempre por ustedes, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús, porque en todas las cosas sois enriquecidos en él, en toda lengua y en toda ciencia.
2 Corintios 8:9 - Porque ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
2 Corintios 9:10-11   - Y el da semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda bondad, la cual obra por nosotros hacimiento de gracias a Dios. 
13. Embajadores – Dios nos ha hecho emisarios, enviados y mensajeros de la reconciliación que el hombre puede lograr con Dios por medio de Cristo. Todos los cristianos tenemos un papel diplomático en la tierra, somos sus representantes, no sólo los pastores, predicadores o misioneros.
2 Corintios 5:19-20 - Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 
14. Nuevas criaturas, renacidos – nosotros hemos vuelto a nacer en Cristo y hemos revivido espiritualmente, somos nuevas criaturas renacidos para nuevas obras en Cristo. Los pecados y malas costumbres del pasado quedaron atrás. Ya no practicamos el pecado. Ahora actuamos y nos formarnos en los verdaderos principios dados por Dios. 
2 Corintios 5:17 - De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.
1 Pedro 1:23 - Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.
Efesios 2:10 - Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.
I Juan 3:9 - Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece sobre él. 
15. Adversarios del diablo y enemigos del mundo – Somos contendientes, rivales, oponentes de Satanás y el mundo, que es gobernado por él. Para ello debemos vestir la armadura de Dios.
1 Pedro 5:8 - Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.
Santiago 4:4 - Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
1 Juan 3:13  Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece.
Efesios 6:11 - Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 
16. Adquiridos – Nosotros valemos muchísimo para Dios. Cristo pagó un alto precio por nosotros en la cruz del Calvario. No debemos menospreciar el sacrificio con que Cristo nos adquirió y libertó de las prisiones y cargas que el enemigo nos impuso.
1 Pedro 2:9  - Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.
1 Corintios 6:20 - Porque comprados sois por precio: glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 
17. Anunciadores – Dios nos ha llamado a ser publicistas de su Persona, Palabra y sus virtudes. Todos estamos llamados a proclamar a Cristo y su mensaje redentor. Ser un anunciador es acerca de predicar, declarar, publicar, pregonar, contar al mundo acerca del Reino de Dios.
1 Pedro 2:9 - Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.
Salmos 96:2-3 - Anunciad de día en día su salvación. Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas.
Marcos 16:15 - Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 
18. Vencedores – En Cristo somos más que vencedores. A través de él podemos caminar en nuestras vidas siempre en triunfo ante las adversidades y tentaciones. Obtenemos victoria contra el pecado por medio de Cristo.
Romanos 8:37 - Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
2 Corintios 2:14 - Pero a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús.
1 Corintios 15:57 - Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 
19. Amados – No hay motivos para sentirse rechazado. Dios es amor y entregó lo más valioso, su Hijo, para que gocemos de su presencia en nuestras vidas. Dios nos ama con el mismo amor que ama a Cristo.
Juan 17:23 - Los has amado a ellos como también a mí me has amado.
1 Juan 4:10 - En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.
2 Tesalonicenses 2:16 - Y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia. 
20. Reconciliados – Por medio de Cristo hemos sido restituidos a estar en la presencia de Dios. Como sus criaturas, hemos vuelto al estado original adámico y podemos decir que somos amigos de Dios y gozar de sus bendiciones.
Juan 17:23 - Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado.
2 Corintios 5:18 - Y todo esto proviene de Dios quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.

15 oct 2012

LAS ADICCIONES

Las adicciones son un flagelo para la sociedad. Drogadicción, alcoholismo, farmacodependencia, tabaquismo y alimentación compulsiva, entre otras, son adicciones en las que muchas personas  se encuentran atrapadas, mellando no sólo su existencia, sino dañando también sus relaciones y afectando su entorno negativamente. Es triste ver las consecuencias de las adicciones y mucho más doloroso el experimentarlas.
Personalmente tuve que batallar con la adicción a drogas de uno de mis hijos y viví en carne propia el dolor que esto ocasiona. Soportar el rechazo y la deshonra por parte de mi hijo, en mis intentos de hacerle ver su error, desgarraron mi corazón más de una vez. Lágrimas de amargura y decepción corrieron por mis mejillas en mis oraciones continuas por mi hijo. Y en medio de mis angustias y desvelos, Dios me habló a través del padre de la “parábola del hijo pródigo” (Lucas 15:11-32). Este padre dejó ir a su hijo sin intentar detenerlo. Pasaron los días y nunca se tomó el trabajo de ir a buscarlo, a pesar de que su hijo vivía perdidamente. La actitud de este padre me enseñó que debía esperar en Dios y no angustiarme a pesar de lo que veía. Al revelárseme esto, paz vino a mi corazón con la certeza de que pronto vería a mi hijo libre de las drogas y mis oraciones fueron más positivas, atando al maligno y reprendiendo sus obras de muerte sobre mi hijo. Y así como el hijo pródigo tuvo que experimentar un trauma en su vida para tomar conciencia de su error y volver a casa, mi hijo casi fue asesinado en una pelea pandillera que lo acercó a sus padres y lo alejó de su adicción. Dios escuchó mis oraciones. Ahora mi oración es de gratitud y esperanza de que en cualquier momento mi hijo dé su paso de fe, aceptando a Jesús como su Señor y Salvador. Sé que el Espíritu Santo está trabajando hacia ese propósito, porque su promesa es que yo y mi casa seremos salvos.    
   
Cuando Dios creó al ser humano le dio potestad sobre toda su creación, dándole la responsabilidad de administrarla (Génesis 2:28, Salmos 8:6). El ser humano fue creado un poco menor que los ángeles con las capacidades de dominio, raciocinio y toma de decisión (Salmos 8:5). Cuando el ser humano está sujeto a una adicción estas facultades son alteradas, inclinadas al mal, distorsionando su fin. El ser humano no ha sabido discernir acerca de las consecuencias de hacer mal uso de sus capacidades sobre la creación divina.
Es común leer en los diarios y escuchar en los noticieros acerca de desgracias ocurridas a causa de adicciones. El ser humano ha llegado a ser presa de la naturaleza que debería dominar. El consumo de cocaína, marihuana, tabaco, otras plantas procesadas y sus derivados, logran manejar las voluntades de muchas personas. Muchas de estas sustancias son aceptadas socialmente y otras prohibidas. Incluso se han desarrollado inmensas industrias para satisfacer el mercado de consumo existente. “Cava un foso, y en ella caerás, echa a rodar piedras, y te aplastarán.” (Proverbios 26:27)
Es muy difícil lograr libertad cuando uno cae en una adicción, porque además de la dependencia química que el cuerpo demanda, uno abre puertas a fuerzas espirituales de tinieblas que sujetan la voluntad, cuyo propósito es matar física y espiritualmente al consumidor. Una adicción consume la salud física y dinero, deteriora las relaciones, trae abajo los valores personales y esclaviza la voluntad. “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra poderes, contra potestades, contra autoridades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerza espirituales malignas en las regiones celestiales.” (Efesios 6:12)

Los motivos por las que las personas caen en adicción son diversos, en su gran mayoría se inician en la juventud, cuando están en búsqueda de una identidad o aceptación social. Rechazo, decepciones, sufrimiento y/o desamor son causales  por las cuales la gente se refugia en las adicciones. Otros lo hacen por rebeldía o curiosidad sin sopesar el fatal riesgo. Ante esta triste realidad, el hombre ha desarrollado una serie de tratamientos  psicológicos y psiquiátricos para sanar a los adictos, y ha elaborado costosas campañas de prevención, sin embargo son pocos los que verdaderamente logran ser libres y además, siguen en aumento las estadísticas de gente que se enrola en una adicción. “…El camino de los transgresores es duro…sus caminos parecen rectos, pero acaban por ser caminos de muerte”. (Proverbios 13:15b, 14:12)

Dios por su parte, en su gran misericordia, ha provisto al hombre del perfecto antídoto para lograr la libertad de las adicciones. Este tiene el  poder de transformar al ser humano desde lo más íntimo de sus entrañas. Este poder es incomparable, prodigioso y viene de su Palabra y su Espíritu Santo. “…Recibiréis poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo…”. (Hechos 1:8) “…Alumbrando los ojos de nuestro entendimiento para saber cuál es la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos…”. (Efesios 1:18-19) “…Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos; penetra hasta partir el alma y espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón…”. (Hebreos 4:12)

Por lo tanto, si un mal hábito ha tomado control de tu vida, esclavizando tus sentidos, recuerda que el remedio para las adicciones es someter la voluntad humana al poder amoroso de Dios. Si funcionó conmigo, haciéndome libre de mi adicción al tabaco, también puede actuar a tu favor. “Por lo demás hermanos míos, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza”. (Efesios 6:10)  Y si tienes a un ser querido atado a una adicción no ceses de orar por él; entrégaselo a Dios y agradace en fe por su liberación. Funcionó con mi hijo.  “...Orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho". (Santiago 5:16)

8 feb 2011

IMITAR

Recuerdo que cuando era niño admiraba a Superman y quería ser como él. Volar, tener súper fuerza, rayos x, gran velocidad y darle su merecido a los malos eran cualidades que anhelaba tener. Crecí, y en mi adolescencia cambié a Superman por James Bond, que además de vencer a los malos, era atractivo a las mujeres por su elegancia y sagacidad. Yo quería ser como él. Pasaron los años y en mi juventud me sentí atraído por las estrellas de rock; su forma de vestir, sus gestos, sus posturas, sus cortes de pelo, su rebeldía, sus vicios eran una forma de buscar mi identidad. Fue en ese momento que Jesús llamó a la puerta de mi corazón y encontré el perfecto modelo a seguir.

El gran dilema del ser humano es a quién imitar. Todos de algún modo buscamos una imagen a seguir, siendo influenciados en nuestro comportamiento, acciones y en nuestras decisiones. Lamentablemente, hoy en día, los medios masivos de comunicación y el mundo del entretenimiento muestran estereotipos aterradores que mucha gente admira y sigue; la influencia de personajes con antivalores es alarmante y crece exponencialmente en la sociedad.

En contraposición, la Biblia nos exhorta a ser imitadores de Cristo y del Padre Dios (I Corintios 11:1, Efesios 5:1). Imitar quiere decir, ejecutar algo a ejemplo o semejanza de otra. Hacer o esforzarse por hacer algo lo mismo que otro o según el estilo de otro. Es decir, seguir las mismas huellas y ejemplos de otro, o llevar el mismo método, orden o disciplina que ella (RAE).

Cuando leemos los evangelios podemos encontrar a un Jesús que hablaba conforme lo que había visto cerca del Padre y actuaba conforme a las obras de su Padre (Juan 8:38, Juan 10:37). Por lo tanto, él mismo, con su ejemplo, nos hace ver que el hombre necesita imitar. También, estos pasajes nos enseñan de la gran importancia que tiene la influencia paterna en la vida de los hijos. Por supuesto, Jesús es el supremo y perfecto modelo, pero no todos aceptan o conocen esta opción y dirigen su mirada sobre diferentes personajes a su alrededor. Buenos o malos modelos que a su vez fueron influenciados por otros.

En la Biblia podemos encontrar dos sabios consejos que nos dan una pauta sobre qué hacer, antes de imitar a un estereotipo que se presente en nuestro camino. En primer lugar, debemos examinar todo, es decir, sometamos a prueba lo que dicen y hacen (I Tesalonicenses 5:21). Debemos considerar cuales son los resultados de su conducta, comportamiento o acciones (Hebreos 13:7). Examinar la senda de sus pies (Proverbios 4:26). Sus frutos hablarán por ellos (Mateo 7:16). Y en segundo lugar, retengamos sólo lo bueno, desechando lo malo (I Tesalonicenses 5: 21-22, 3 Juan 11). Debemos capturar las virtudes y cualidades buenas. Sigamos las buenas obras y las cosas útiles (Romanos 12:9, Tito 3:8) y lo que contribuye a la paz y mutua edificación (Romanos 14:19). Conservemos lo actuado en amor y los dones espirituales (I Corintios 14:1).

Cuando hablamos de imitar a un buen prototipo, estamos considerando que éste desarrolla su vida bajo valores morales y espirituales dados por Dios y respetando las normas legales que ordenan una sociedad. Estemos alertas con aquellos quienes simulan, fingen o aparentan ser lo que no son. No seamos ciegos, siguiendo a aquellos que a lo malo llaman bueno y a lo bueno malo (Isaías 5:20).

Josué y Salomón son dos personajes bíblicos que nos enseñan los resultados de imitar a la persona correcta. Josué logró conquistar la tierra prometida que Dios ofreció a su nación, porque él decidió seguir al pie de la letra lo que Moisés venía haciendo, que fue cumplir con el plan de Dios para tal fin. Salomón fue el rey más sabio, poderoso y rico que jamás haya existido, e hizo prosperar a su nación, porque decidió seguir el ejemplo de su padre David, que fue reverente y amante de Dios.

Seamos sabios. Meditemos sobre quiénes están influenciando nuestra vida y cómo estamos influenciando a otros. Imitemos a las personas correctas para ser la persona correcta que otros quieran imitar.

“Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”
(Colosenses 2:6, 3:17)

30 jun 2010

COMO A NOSOTROS MISMOS

Después de algunas ocupadas horas de trabajo, “Egomío” se dispuso a hacer uso de su tiempo de refrigerio y se dirigió al comedor para almorzar. Sacó de su lonchera una bolsa de sopa instantánea y vaciándola en su recipiente con agua, usó el horno micro-ondas para su cocción. Después de unos minutos escuchó el silbido del horno avisando que la sopa estaba lista. Cuando abrió la puerta del artefacto encontró que la ebullición de la sopa sobrepasó los límites del recipiente y el interior del horno fue ensuciado con sopa. “Egomío” retiro su recipiente y sin ningún sentido de responsabilidad marchó a la mesa para consumir la sopa sin tomarse el tiempo para limpiar el artefacto. Al término de su refrigerio volvió a su puesto de trabajo sin considerar que otro compañero usaría el horno micro-ondas.

Mientras “Egomío” estaba trabajando, el teléfono de la oficina timbró insistentemente, contestó el teléfono y recibió el urgente mensaje. La llamada era para uno de sus compañeros quien estaba ausente visitando otra área de la empresa. “Egomío” no tomó importancia del mensaje y olvidó comunicárselo a su compañero. Al día siguiente, éste no asistió a trabajar porque estaba en el velorio de su padre, quien habría estado muriendo el día anterior a la misma hora que “Egomío” recibió la llamada.

En otra ocasión, “Egomío” se dirigió al banco para hacer cobro de un cheque a su nombre. Recibió el dinero y contó el monto recibido; había dos billetes de $100 de más. “Egomío” pensando que era su día de suerte se marchó presuroso abandonando el banco. Una semana después, “Egomío” volvió al banco y se enteró que el cajero que lo había atendido la semana anterior había sido despedido.

“Egomío” es el más claro ejemplo de aquellas personas que viven la vida pensando sólo en sí mismas, siendo insensibles a su prójimo. Este comportamiento es totalmente desagradable, completamente egoísta y ofende a Dios, quien nos exhorta a que no busquemos únicamente nuestro propio bien, sino el bien de los otros (Filipenses 2:4).

Jesús nos enseñó que “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos” es de igual importancia que “amar a Dios.” Ambos tienen íntima relación. No podemos amar a Dios y aborrecer, despreciar, rechazar, ignorar, o discriminar a nuestro prójimo. Tanto como amemos a Dios debemos amar a nuestros semejantes, con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, mente y fuerzas (Marcos 12:30-31, I Juan 4:20-21). Nadie quien se ama a sí mismo actúa dañándose o para cosechar malos resultados en su vida. Si nos amamos a nosotros mismos estamos alertas, casi instintivamente, a buscar nuestro bienestar en todo sentido; del mismo modo debemos actuar hacia nuestro prójimo. Siempre que tengamos oportunidad, debemos hacer el bien a todos, inclusive con quienes no simpatizamos, a todos sin excepción (Gálatas 6:10, Lucas 6:27-28).

Muchas veces, “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos” demandará invertir nuestro tiempo, dinero y esfuerzo físico a favor de otros; es un dar incondicional que se traduce en servir con excelencia, como nos gustaría ser tratados. El mandamiento dado es un desafiante reto para el corazón humano que por naturaleza está centrado y se complace en sí mismo. (Lucas 6:31, 10:33-35, Gálatas 5:13-14, Proverbios 21:2). El dilema aparece cuando nos preguntamos ¿cómo nos amamos a nosotros mismos? Si nuestro nivel de amor por nosotros mismos es pobre, éste será manifiesto en nuestras relaciones personales con apatía, aislamiento, desinterés y/o relajo; si es en demasía, éste será manifiesto con conveniencia, altivez, arrogancia, y/o aversión. La medida correcta de amarnos a nosotros mismos es equilibrada y se manifiesta con la humildad, sabiduría, servicio y responsabilidad.

Recuerdo la vez cuando traté con un “Egomío” en mi centro de trabajo, quien siendo mi autoridad, pretendió desacreditarme para que me despidan y me hacía la vida imposible en la oficina. A pesar de su comportamiento, no guardé resentimiento y permanecí en una actitud de servicio. ¡Wau! aquello no fue fácil. Pasado el tiempo, él fue despedido y yo debía ocupar su puesto, pero coincidió que me vine a Canadá.

Y quién no se ha cruzado con aquellos “Egomíos” criollos, los que se cuelan en las colas, o los que te venden cartón corrugado remojado y polvoreado con pan rallado haciéndolo pasar por hamburguesa, o los que te rompen la plumilla del auto para venderte una nuevo, o los que te pagan con monedas o billetes falsos, o los que te “mecen” día tras día para cumplir con un servicio que pagaste adelantado, o los que a cambio de un “dinerito” aceleran un trámite administrativo, o los que jalan una extensión de tu servicio de cable, en fin, la lista es interminable. Cualquier actitud que afecte negativamente a nuestro prójimo, directa o indirectamente, es un acto reprochable y se contrapone a la voluntad de Dios.

“Amar al prójimo como a nosotros mismos” tiene que ver con amar sin fingimiento, aborreciendo lo malo; siguiendo lo bueno y en muchas oportunidades con una vocación de entrega. (Romanos 12:10, Efesios 5:2). Miremos cuidadosamente nuestras actitudes para con nuestro prójimo y no nos dejemos vencer por el mal; al contrario, venzamos con el bien el mal (Romanos 12:21). Cada vez que alguien interactúa con nosotros, Dios nos regala la oportunidad de demostrar cuanto amor hay en nuestro corazón por dar a otros. Todo bien que hagamos a nuestro prójimo, a él se lo hacemos (Mateo 25:40). No le fallemos.

1 dic 2009

HACER DINERO

Dios declaró que debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente (Génesis 3: 19). El “pan” representa nuestras necesidades básicas de alimento, vestido y vivienda, mientras que el “sudor” representa nuestro trabajo. Adán trabajó para sí mismo y proveía para su familia. Con el transcurrir de los años el hombre desarrollo las relaciones sociales y el comercio, dando como resultado el uso del dinero y el trabajo asalariado.

El dinero está presente en todos los aspectos de la vida. Es indispensable para sobrevivir en un mundo cada vez más materialista y orientado al consumo. En todo el mundo, las sociedades han clasificado a sus poblaciones de acuerdo con sus ingresos. El status social y el poder adquisitivo son determinados por la cantidad de dinero logrado. Por lo tanto, la gente se esfuerza en hacer dinero para conseguir un mejor status social y mayor capacidad de gasto. Persiguiendo estos fines, hay quienes hacen dinero legalmente y otros que lo logran ilegalmente.

El apóstol Pablo nos enseña que: "El amor al dinero es la raíz de toda clase de mal" (1 Timoteo 6:10). Estas sabias palabras son verdaderas y se aplican para ambos tipos de personas. El dinero en sí es neutro, no es bueno ni malo. El problema se presenta cuando se endiosa al dinero y éste pasa a ser la meta suprema en la vida. Cuando la fe y la razón de vivir están centradas sólo en el dinero, la gente es capaz de "vender su propia alma", a fin de tenerlo en sus manos (I Timoteo 6:9). Esto es avaricia y codicia; “el que ama el dinero siempre quiere más, el que ama las riquezas, nunca cree tener bastante. Esto es vana ilusión, porque mientras más se tiene, más se gasta. ¿Y qué se gana con tener, aparte de contemplar lo que se tiene?" (Eclesiastés 5: 10-11).

Algunas personas hacen dinero violando la ley o haciendo caso omiso de las normas éticas. Un gran porcentaje de presos en las cárceles cumplen condenas por delitos relacionados con el dinero. Los delitos como: robo, secuestro, asesinato, soborno, prostitución, estafa, fraude y tráfico ilícito de drogas son el resultado de comportamientos ansiosos de personas que aman el dinero a cualquier precio. Paradójicamente, muchos de ellos no tienen tiempo suficiente para disfrutar de su dinero, porque tarde o temprano son detenidos y encarcelados. Asimismo, podemos encontrar un sin número conflictos sociales relacionados al dinero que son tratados en las cortes judiciales: mezquindades salariales, pleitos por herencias, sociedades divididas, etc. Jesús mismo fue traicionado por treinta piezas de plata (Mateo 26:15).

Por otra parte, las personas quienes trabajan legalmente pueden lograr el dinero necesario, sin embargo, un gran número de ellos, a costa de perjudicar su salud, afectar sus relaciones o se sumergen en vicios. Hoy en día, mucha gente trabaja horas extras en sus puestos de trabajo y viven con demasiada ansiedad. Ser "adicto al trabajo" es casi normal en nuestras sociedades (Yo fui víctima de esto alguna vez). Una gran cantidad de consultorios médicos son visitados por personas con síntomas de estrés y otras enfermedades directamente relacionados a esta adicción. Además, las relaciones se ven afectadas cuando alguien se dedica a largas horas de trabajo. Muchos divorcios son producto de un esposo o una esposa ausente del hogar, muchos niños demandan la atención de sus padres ausentes, a través de una pésima conducta social o un bajo rendimiento escolar y muchas personas sufren la soledad. (Si quieres saber acerca de las señales para identificar la adicción de un trabajólico visita la web ¹ citada al pie del artículo). Asimismo, muchas empresas, aprovechando de la necesidad social de hacer dinero, ofrecen a las personas diferentes tipos de juegos de azar y loterías. Ganar dinero fácil es el sueño de muchos, pero es "un arma de doble filo", ya que quienes se involucran en estos juegos pueden quedar atrapados y perder más de lo que han invertido.

Adicionalmente, es aterrador ver como la sensibilidad humana llega a degradarse cuando el hombre es preso de un desmedido afán por lograr dinero. Hoy en día, en muchos lugares del mundo, hay gente que cruel y sanguinariamente matan animales con fines lucrativos (Chequea un video en la web ² citada al pie del artículo). De hecho, muchas especies han desaparecido a causa del hombre y un gran número están en peligro de extinción. Asimismo, muchos recursos naturales vienen sufriendo profanación por gente inescrupulosa quienes contaminan ríos y mares, y devastan bosques con el fin de enriquecerse.

Hacer dinero para suplir nuestras necesidades es importante e imprescindible en la vida. Sin embargo, debemos ser conscientes de que el dinero es un medio y no un fin. El afán por hacer dinero no debe ni puede tomar el lugar de Dios en nuestro corazón (Mateo 6:24). Dios es quien nos da la capacidad de hacer dinero de manera sabia e inteligente, sin afectar negativamente nuestra salud, sin violar la ética, sin romper las leyes, sin destruir nuestras relaciones y sin degradar nuestra sensibilidad humana. Si lo hacemos a la manera de Dios, él llenará nuestro corazón de alegría y no tendremos que preocuparnos mucho por el curso de nuestra vida (Eclesiastés 5: 19-20).

Dios quiere que seamos prósperos en lo económico. Él nos ha prometido que el hombre bueno nunca estará desamparado, ni jamás sus hijos mendigarán (Salmos 37:25)
. ¿Y quién es un hombre bueno? Aquel que lleva en su corazón las enseñanzas de su Dios (Salmos 37: 31a). El amor al dinero no tendrá poder sobre nosotros si nos mantenemos conectados a los pensamientos de nuestro Creador. Además, si nuestra esperanza está puesta en Dios, no nos faltarán oportunidades para hacer dinero y disfrutar de todas las cosas abundantes que él quiere darnos (I Timoteo 6:17).

Por último, no debemos olvidar que nuestro esfuerzo por hacer dinero, debe ser impulsado por un fin más supremo que del sólo suplir nuestras necesidades. Dios nos llama a ser canales de bendición para con nuestro prójimo. “El justo da con generosidad” (Proverbios 21:26b). “Den y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Lucas 6: 38).
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¹www.voypormas.com/Mercado-Empleo/5-senales-para-identificar-si-eres-un-trabajolico.html
²www.peta.org/feat/ChineseFurFarms/index.asp - Advertencia: Este video contiene imágenes muy fuertes.

26 ago 2009

DIVINA TORTÍCOLIS

Han pasado dos años desde que llegamos a Canadá con el objetivo de construir un mejor futuro. No llegamos a la deriva. Nuestro Padre, en su infinita bondad nos dio una Palabra que nos afirmó y es el generador de nuestro ímpetu para salir adelante en estas tierras lejanas. Él nos dijo: “Solamente te pido que tengas mucho valor y firmeza para cuidar de hacer mi Palabra, no te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará donde quiera que vayas.” (Josué 1:7-9).

Cada vez estamos más convencidos que la gracia de nuestro Padre nos sostiene y con su ayuda lograremos alcanzar los sueños que Él pone en nuestro corazón. Sabemos muy bien que su Palabra se cumple en su tiempo. Nosotros hacemos nuestra parte y Él hace la suya. Al llegar, lo primero que hicimos fue buscar una iglesia donde congregarnos como nos aconseja el apóstol Pablo (Hebreos 10:25). De la misma manera como lo hacíamos en Lima, continuamos sirviendo al Padre en una iglesia local con los dones que Él nos ha dado y cumpliendo con nuestros diezmos; vamos creciendo en su conocimiento y en la extensión de nuestra red de hermanos en la familia de Dios.

Cuando me inserté laboralmente en Canadá, dispuse en mi corazón no aceptar ofrecimientos de trabajo los días domingos. Más de una vez rechacé esta posibilidad, a pesar de que representaba más ingresos por horas extras. Considero que es vital para un cristiano apartar ese día; dedicarlo al servicio del Señor y a reforzar los lazos familiares. Sin embargo, hace un mes atrás esta determinación fue puesta a prueba una vez más.

Todos conocemos cómo la recesión económica global viene afectando a los países y Canadá no es la excepción. Siete meses atrás la compañía para la que trabajo inició un recorte progresivo de horas laborales que afectó mis ingresos hasta un 40%. Mi responsabilidad de proveedor en la familia me condujo a ponerme en búsqueda de otro trabajo a tiempo parcial o completo, con el objetivo de alcanzar las cuarenta horas semanales, pero todo esfuerzo fue en vano. Fueron momentos en las que las palabras del apóstol Santiago de “sentirme dichoso cuando tenga que enfrentar diversas pruebas” (Santiago 1:2) eran un poco difíciles de entender. Ya la angustia comenzaba a tomar lugar en mi corazón.

En medio de esta crisis, mi jefe me ofreció la oportunidad de hacer más horas un domingo y acepté. Cuando llegó aquel día pasó algo inusual, algo que atribuyo fue una corrección divina. ¡Desperté con tortícolis! Amanecí con un fuerte dolor en el cuello y no podía moverlo libremente. Obviamente tuve que comunicarle a mi supervisor que no asistiría a trabajar. Visité al médico ese mismo día y me aconsejó un buen masaje. Al día siguiente lunes, fui a trabajar como de costumbre. Bien dice David: “El Señor conoce los pensamientos humanos y sabe que son absurdos.” (Salmos 94:11).

Meditando en lo acontecido, pude darme cuenta que el Padre me estaba enseñando que debía “echar toda mi ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de mí y que debía resistir firme en la fe.” (I Pedro 5:7,9). Fue así que tuve el valor de rechazar otro ofrecimiento similar la semana siguiente. Debía confiar que algo pasaría y Dios no tardó. A los pocos días, el gerente me pidió trabajar algunas horas más en los días que me habían recortado y ahora ya casi estoy completando mis cuarenta horas semanales sin necesidad de trabajar los domingos. Adicionalmente a esto, en simultáneo, recibí una respuesta afirmativa respecto a una beca completa para continuar mis estudios de inglés.

Te invito a ser sensible a la corrección del Señor “para que puedas enfrentar tranquilo los días de aflicción (Salmos 94:12) y a “encomendar al Señor tu camino, confía en Él, y Él actuará.” (Salmos 37:5).

“No bien decía: ‘Mis pies resbalan’, cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda. Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.”
(Salmos 94:18-19)

1 ago 2009

VUELVE A CASA Y CUÉNTALO

Había estado soñando con una batalla espiritual que enfrentábamos un grupo de hermanos contra gente endemoniada. Estábamos en una calle de la ciudad, frente a frente, como dos pandillas urbanas. Mientras los reprendíamos en el nombre de Cristo, ellos se esforzaban inútilmente en hacernos daño. Me conmovió ver sus caras de angustia y desesperación, me puse a llorar y desperté muy temprano entre lágrimas.

Luego, después de unos minutos de sollozar en la cama, continué mi lectura del evangelio de Lucas. El pasaje bíblico de aquella mañana, Lucas 8: 26-39, trata acerca de la liberación de un hombre endemoniado. Éste que había abandonado su casa, vivía desnudo y solitario en los cementerios de la ciudad, siendo un estorbo para sus pobladores, un día tuvo un encuentro personal con Jesucristo y fue liberado, sanado, salvado. Este gadareno (habitante de Gadara) había estado poseído, es decir, tenía una voluntad subyugada a los demonios y no tenía control de sí mismo. Jesús restauró su vida completamente y volvió a casa.

La experiencia de este hombre me hizo reflexionar respecto a la gran cantidad de gente en nuestra sociedad que viven presos de demonios que sujetan su voluntad y que sufren soledad en su espíritu. Estos demonios se manifiestan en malos hábitos, vicios y/o en actitudes dominantes negativas del carácter que no pueden dejar por años y están atados a ellos con consecuencias muchas veces desastrosas. Malos hábitos sociales como el alcoholismo, el consumo de tabaco, drogas alucinógenas y pornografía, la ludopatía (adicción a juegos electrónicos y de azar), las adicciones sexuales, la religiosidad, la brujería y la violencia. Hábitos negativos del comportamiento como la ira, el chisme, la gula, los celos, el egoísmo, la verborrea y pensamientos obscenos, e inclusive la pereza, la autosuficiencia, la timidez, el temor y la dejadez suelen arruinar una vida o limitarla, transcendiendo negativamente al prójimo. Basta con revisar los medios de comunicación para darnos cuenta de las consecuencias: asesinatos, injusticias sociales, corrupción, violaciones sexuales, suicidios, muertes súbitas por sobredosis o accidentes en las pistas, enfermedades transmitidas, narcotráfico, más gente visitando psiquiatras y psicólogos, divorcios, madres solteras, abortos, robos, pobreza, obesidad, estafas, etc.

En su encuentro con Jesucristo, la primera reacción del gadareno fue rechazarlo. Jesús había decidido liberarlo y él respondió “no te metas conmigo”. Igualmente, en nuestros días muchas personas en las mismas condiciones que este hombre, dan la misma respuesta y rechazan la obra redentora de Jesucristo, ya sea por conformismo, orgullo, incredulidad o temor. Sin embargo, en lo profundo de sus almas anhelan ser libres. Bien, Jesús conociendo acerca de esto, actuó con autoridad con el gadareno y ordenó a los demonios salir de su cuerpo y este fue totalmente salvado. Pero no sólo lo liberó de los demonios. Cuando la gente vino a verlo, este hombre estaba “vestido y en su sano juicio.” Esto me habla de un Dios proveedor y restaurador; de un Dios que cubre necesidades espirituales, pero también materiales y físicas.

Después de esto, el gadareno le rogaba a Jesús le permitiera acompañarlo, pero Jesús le respondió: “Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti.” Estas palabras fueron las que más atrajeron mi atención aquella mañana. En nuestros días muchas personas que han tenido un encuentro personal con Jesús, movidos por la emoción de aquella experiencia, buscan ardientemente involucrarse a tiempo completo en el trabajo de la iglesia con el ánimo de servirlo y hasta toman rigurosos estudios teológicos, cuando en realidad Jesús sólo les está diciendo: “Vuelve a casa y cuéntales todo lo que Dios ha hecho por ti.” Dios quiere que la gente común hable de Él. No tenemos que poseer una maestría en “espiritualidad” para contar de las maravillas que hace Dios. Y el gadareno no sólo lo contó en su casa, sino que fue por todo el pueblo contando lo que Dios hizo por él. Sin querer se convirtió en un evangelizador.

Las palabras de Jesús nos retan a no callar, nos motivan a anunciar lo que Él es capaz de hacer en nuestras vidas. Por este motivo, esta vez quiero contarles algo muy personal. Cuando tuve mi encuentro con Jesucristo, su poder de amor me liberó de mi atadura a la pornografía y pensamientos obscenos que afectaron mi vida personal y mi relación con las mujeres, así como del vicio del tabaco, llegué a fumar hasta dos cajetillas al día. Dios me vistió con nuevas ropas al poner en mi mente sus pensamientos y me dio sano juicio cuando le entregué mi debilidad a Jesús y me rendí a Él. Después de aquello, Dios continúa su obra en mi vida, moldeando mi carácter al suyo y me ha concedido muchos deseos de mi corazón. Sé que hasta que dé mi último aliento, seguiré siendo perfeccionado por su amor.

Es probable que como yo, hayas experimentado un encuentro personal con Jesús y Él te ha liberado de algún vicio o una pasión desenfrenada dominante que te ataba, afligía y avergonzaba. Te animo a hacer lo mismo que el gadareno hizo. Vuelve a casa (familia, amigos, barrio, vecindad) y cuéntales lo que Dios ha hecho por ti y lo que viene haciendo cada día de tu vida. No lo guardes para ti. Dalo a conocer y Dios hará más por ti.

Y si todavía te sientes atado a algo que no te deja crecer espiritual y emocionalmente, a pesar de tu encuentro con Jesús, te exhorto a rendirte completamente a Él. Recuerda que si estás en Cristo, eres una nueva criatura y las cosas viejas pasaron, ahora todas son hechas nuevas (II Corintios 5:17). Despójate del viejo hombre o mujer con sus hechos y revístete del nuevo, conforme a la imagen de nuestro Creador, renovándote hasta conocerlo plenamente (Colosenses 3:9-10). Mediante el bautismo fuiste sepultado con Jesús en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también tú, andes en una nueva vida (Romanos 6:3-4).

Por último, si tú eres de aquellos que le han dicho a Jesús “no te metas conmigo”, te invito a reflexionar y reconsideres aceptar de su gracia sanadora. Nadie, ni nada logrará liberarte de los “demonios” que te atormentan. El poder del amor de Dios está a tu disposición. Sólo cree en Él y entrégale tu vida Jesús. Bastará una sincera oración. Pongo a tu disposición un modelo que te puede ayudar: “Dios me arrepentimiento por haber vivido hasta hoy lejos de ti. Acepto a Jesús, tu Hijo, como mi Salvador y Señor en mi vida. Te abro la puerta de mi corazón, te pido que me perdones y me libres de (menciona la debilidad o vicio). Lléname con tu Espíritu Santo y ayúdame a conocerte más. Gracias Dios por tu amor.” Después de esto, debes asumir el compromiso de: 1. Mantenerte en contacto diario con Dios por medio de la oración y la lectura de la Biblia. 2. Alejarte de las cosas, personas y/o circunstancias que están relacionadas con el vicio o la debilidad que le has pedido a Dios te libre. Haz tu parte y Él hará la suya. Estoy seguro que pronto podrás contarnos lo que Dios ha hecho por ti.