Las adicciones son un flagelo para la sociedad. Drogadicción,
alcoholismo, farmacodependencia, tabaquismo y alimentación compulsiva, entre
otras, son adicciones en las que muchas personas se encuentran atrapadas, mellando no sólo su existencia,
sino dañando también sus relaciones y afectando su entorno negativamente. Es
triste ver las consecuencias de las adicciones y mucho más doloroso el experimentarlas.
Personalmente tuve que batallar con la adicción a drogas de uno de mis
hijos y viví en carne propia el dolor que esto ocasiona. Soportar el rechazo y
la deshonra por parte de mi hijo, en mis intentos de hacerle ver su error, desgarraron
mi corazón más de una vez. Lágrimas de amargura y decepción corrieron por mis
mejillas en mis oraciones continuas por mi hijo. Y en medio de mis angustias y
desvelos, Dios me habló a través del padre de la “parábola del hijo pródigo” (Lucas 15:11-32). Este
padre dejó ir a su hijo sin intentar detenerlo. Pasaron los días y nunca se
tomó el trabajo de ir a buscarlo, a pesar de que su hijo vivía perdidamente. La
actitud de este padre me enseñó que debía esperar en Dios y no angustiarme a
pesar de lo que veía. Al revelárseme esto, paz vino a mi corazón con la certeza
de que pronto vería a mi hijo libre de las drogas y mis oraciones fueron más
positivas, atando al maligno y reprendiendo sus obras de muerte sobre mi hijo.
Y así como el hijo pródigo tuvo que experimentar un trauma en su vida para
tomar conciencia de su error y volver a casa, mi hijo casi fue asesinado en una pelea
pandillera que lo acercó a sus padres y lo alejó de su adicción. Dios escuchó
mis oraciones. Ahora mi oración es de gratitud y esperanza de que en cualquier
momento mi hijo dé su paso de fe, aceptando a Jesús como su Señor y Salvador. Sé
que el Espíritu Santo está trabajando hacia ese propósito, porque su promesa es que
yo y mi casa seremos salvos.
Cuando Dios creó al ser humano le dio potestad sobre toda su creación,
dándole la responsabilidad de administrarla (Génesis
2:28, Salmos 8:6). El ser humano
fue creado un poco menor que los ángeles con las capacidades de dominio,
raciocinio y toma de decisión (Salmos 8:5). Cuando el ser humano está sujeto a una
adicción estas facultades son alteradas, inclinadas al mal, distorsionando su
fin. El ser humano no ha sabido discernir acerca de las consecuencias de hacer
mal uso de sus capacidades sobre la creación divina.
Es común leer en los diarios y escuchar en los noticieros acerca de desgracias
ocurridas a causa de adicciones. El ser humano ha llegado a ser presa de la
naturaleza que debería dominar. El consumo de cocaína, marihuana, tabaco, otras
plantas procesadas y sus derivados, logran manejar las voluntades de muchas
personas. Muchas de estas sustancias son aceptadas socialmente y otras prohibidas.
Incluso se han desarrollado inmensas industrias para satisfacer el mercado de
consumo existente. “Cava un foso, y en ella caerás, echa
a rodar piedras, y te aplastarán.” (Proverbios 26:27)
Es muy difícil lograr libertad cuando uno cae en una adicción, porque
además de la dependencia química que el cuerpo demanda, uno abre puertas a
fuerzas espirituales de tinieblas que sujetan la voluntad, cuyo propósito es
matar física y espiritualmente al consumidor. Una adicción consume la salud
física y dinero, deteriora las relaciones, trae abajo los valores personales y esclaviza
la voluntad. “Porque nuestra lucha no es contra
sangre y carne, sino contra poderes, contra potestades, contra autoridades que
dominan este mundo de tinieblas, contra fuerza espirituales malignas en las
regiones celestiales.” (Efesios 6:12)
Los motivos por las que las personas caen en adicción son diversos, en su gran mayoría se inician en la juventud, cuando están en búsqueda de una identidad o aceptación social. Rechazo, decepciones, sufrimiento y/o desamor son causales por las cuales la gente se refugia en las adicciones. Otros lo hacen por rebeldía o curiosidad sin sopesar el fatal riesgo. Ante esta triste realidad, el hombre ha desarrollado una serie de tratamientos psicológicos y psiquiátricos para sanar a los adictos, y ha elaborado costosas campañas de prevención, sin embargo son pocos los que verdaderamente logran ser libres y además, siguen en aumento las estadísticas de gente que se enrola en una adicción. “…El camino de los transgresores es duro…sus caminos parecen rectos, pero acaban por ser caminos de muerte”. (Proverbios 13:15b, 14:12)
Dios por su parte, en su gran misericordia, ha provisto al hombre del perfecto antídoto para lograr la libertad de las adicciones. Este tiene el poder de transformar al ser humano desde lo más íntimo de sus entrañas. Este poder es incomparable, prodigioso y viene de su Palabra y su Espíritu Santo. “…Recibiréis poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo…”. (Hechos 1:8) “…Alumbrando los ojos de nuestro entendimiento para saber cuál es la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos…”. (Efesios 1:18-19) “…Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos; penetra hasta partir el alma y espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón…”. (Hebreos 4:12)
Por lo tanto, si un mal hábito ha tomado control de tu vida, esclavizando tus sentidos, recuerda que el remedio para las adicciones es someter la voluntad humana al poder amoroso de Dios. Si funcionó conmigo, haciéndome libre de mi adicción al tabaco, también puede actuar a tu favor. “Por lo demás hermanos míos, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza”. (Efesios 6:10) Y si tienes a un ser querido atado a una adicción no ceses de orar por él; entrégaselo a Dios y agradace en fe por su liberación. Funcionó con mi hijo. “...Orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho". (Santiago 5:16)
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