20 dic 2005

UN DIOS EXCESIVO

Mientras iba camino a la iglesia una noche de verano, mi espíritu comenzó a entristecerse a raíz de una circunstancia por la que estaba pasando. Empezaba a fabricar mis primeras lágrimas, cuando oraba al Señor para no sentirme así. De pronto, mientras miraba por la ventana del vehículo que me transportaba, una etiqueta pegada en un automóvil llamó mi atención, el texto era: Exceso.

¡Exceso, exceso, exceso! No paraba de repetirse esa palabra en mi mente y mientras lo hacía el Espíritu Santo me iba trayendo a la memoria, todas las actitudes de excesivo amor que nuestro Padre Celestial, ha mostrado en su Palabra para aquellos que lo aman. Y es que siendo un hijo de Dios y sabiendo lo grande y maravilloso que es El, no podía ofender a mi Padre rindiéndome a la depresión.

Al llegar a la iglesia entré tan reconfortado al servicio, que no hice otra cosa que elevar mi voz en alabanza y adoración excesiva a mi Padre Celestial. Esa misma noche llegando a casa, lleno de la paz y gozo del Señor, cogí mi guitarra y mi alma expresó un salmo cantado cuya letra dice:

Me excederé en alabarte, me excederé en adorarte.
Y agotaré mis fuerzas ante ti Señor.
Y quebrantaré mis límites por darte honor.
Porque más que abundantes
las muestras de tu amor que recibí, son impactantes.
Saturas mi interior con tu dulzura, alucinante;
no ceso de excederme en darte honor, mi Señor.
Me excederé en alabarte, me excederé en adorarte.
Y destruiré los muros en mi corazón.
Y abundaré tu trono con fragante olor.

El diccionario define a la palabra exceso como: cantidad que se encuentra de más. Lo que pasa los límites. Algo excesivo, demasiado, exagerado, exorbitante. Está relacionado a exceder, que es sinónimo de desbordar, rebosar, sobrepasar. Dios es eso. A continuación, algunos ejemplos bíblicos de cuan excesivo puede ser Dios a favor nuestro.

1. La descendencia de Abraham (Génesis 15: 5)
Abraham en su vejez le dice a Dios que anda sin hijo y el Padre Celestial fiel a su grandeza lo lleva fuera de su tienda y le dice: "Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas si las puedes contar. Así será tu descendencia." ¡Qué más! Me imagino que Abraham se habrá puesto bizco. Un cielo estrellado es inmensamente incontable. Y como sabemos, esa descendencia se inició con Isaac, que nació de Sara, una mujer anciana. ¡Increíble! Esto si que fue un gesto de amor excesivo.

2. Dio su Hijo por nosotros (Juan 3: 16; Romanos 8: 32a)
Siendo merecedores de muerte, el Padre decide librarnos de la esclavitud del pecado y facilitarnos la salvación eterna. Y tomó una de las decisiones más sublimes, dar a su Hijo para esa misión. Una misión dolorosa y espantosa: "porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." "No escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros." Dar a su único hijo en sacrificio por otros, no es algo que alguien haría muy alegremente. Exponer a su hijo a sufrimiento, vejámenes y violencia por salvarnos puede parecer una locura, pero lo hizo. Si su plan era salvarnos, Dios pudo haber elegido una manera menos dolorosa para él. Pudo haber enviado un ángel en lugar de su Hijo, o a otro ser celestial que él creara, pero envió a su Hijo, a su único. ¡Increíble! Esto si es un gesto de amor excesivo.

3. El sacrificio de Jesús (Isaías 53: 3-6)
Quienes hemos visto la última película referida a Jesús, llamada La Pasión, quedamos estupefactos de lo sangriento que pudo haber sido el sacrificio de Jesús. Soportó tanto sufrimiento para salvar aún a los que lo golpeaban y crucificaron. Pero no sólo se trató del maltrato físico, su entrega fue más allá, porque: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades...." "....Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros." Jesús además fue "despreciado y desechado entre los hombres,.....menospreciado y no estimado." Sufrió también en lo emocional y espiritual. "Varón de dolores, experimentado en quebranto y sufrió nuestros dolores".... "molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él." Realmente un sufrimiento espeluznante, que ningún ser humano hubiera soportado. ¡Increíble! Un gesto extraordinariamente excesivo.

4. La alimentación de una multitud (Mateo 14: 17-21)
Esta historia es muy motivadora. Los apóstoles sólo tenían cinco panes y dos peces para alimentar a más de cinco mil, porque dice el versículo 21 que fueron "cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños." Realmente era una multitud de gente increíble. Y lo más fantástico es que "comieron todos y se saciaron". Es decir, nadie se quedó con hambre, y de seguro más de uno se guardó su pedacito para la casa. Y para que no queden dudas de lo grandioso y poderoso que El suele ser con nosotros, "recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas." Me imagino al muchachito que donó sus cinco panes, llegando a casa con tremendo botín ayudado por los discípulos. ¡Increíble! El si que da a manos llenas.

5. La pesca milagrosa (Lucas 5: 4-7)
Estaba Jesús enseñando a un gentío sobre la barca de Pedro y cuando terminó de hablar le dijo: "Boga mar adentro, y echa tus redes para pescar." Pedro lo hizo, pero previa advertencia: "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red." ¡¿Y qué crees?! La red se rompía por la gran cantidad de peces que arrastraba. Y es que nuestro Dios sabe dejarnos malparados ante nuestras incredulidades. "Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían." ¡Las dos barcas se hundían!¡Espectacular! ¿Y qué harían con tantos peces? Se me ocurre que las repartieron al gentío que horas antes estuvo escuchando a Jesús. ¡Increíble! Una muestra más de un carácter excesivo para dar.

6. El Pentecostés (Hechos 2: 2-3)
"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos." "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua." "Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios." "Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?" ¡Increíble verdad! Dios siempre sorprenderá y dejará boca abierta al mundo, con sus excesivas manifestaciones en nuestras vidas.

7. En medio del mar Rojo (Exodo 14: 21-30)
Israel huía de los soldados egipcios. Llegaron a orillas del mar Rojo y no podían avanzar más. Se sintieron acorralados. Era un momento crítico para ellos, una circunstancia de vida o muerte. No estaban preparados para enfrentar militarmente a los egipcios, ni tenían embarcaciones navales para pasar el mar. Entonces, "extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda." ¡Wuau! Esto era asombroso, me imagino el rugir de las aguas separándose y la fuerte brisa bañando al pueblo judío. La sensación de tener como paredes agua de mar debe haber sido pura adrenalina. Y encima, como para que no reclamen, les seco el fondo del mar y pasaron sin problemas de embarres y atoros en fangos. Y pensar que esa generación no entró a la tierra prometida por temer a quienes la habitaban, olvidando lo que Dios era capaz de hacer por ellos. Dios rompió esquemas y les mostró una excesiva compasión ante sus temores y quejas abriendo las aguas, algo imposible de hacerse en lo natural, y posteriormente no fueron agradecidos. Estimo que Josué y Caleb eran niños cuando vieron ese maravilloso y excesivo rescate divino, lo guardaron en su corazón, creyeron a Dios y heredaron la tierra prometida.
El factor común en todas las historias vistas son la fe y la obediencia a su Palabra. Dios se mostrará a nosotros de la forma más extraordinaria, en la medida que seamos fieles a sus ordenanzas. Sus promesas increíbles se harán excesivamente visibles en nuestras vidas, si mantenemos firmes nuestra confianza hacia El.

Gracias a Dios por tener un carácter excesivamente amoroso y compasivo con nosotros. Seamos igualmente excesivos en nuestra adoración y alabanza para con Él, en todo ámbito de nuestra existencia, en las buenas y en las malas. Él es Exceso.

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