1 dic 2009

HACER DINERO

Dios declaró que debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente (Génesis 3: 19). El “pan” representa nuestras necesidades básicas de alimento, vestido y vivienda, mientras que el “sudor” representa nuestro trabajo. Adán trabajó para sí mismo y proveía para su familia. Con el transcurrir de los años el hombre desarrollo las relaciones sociales y el comercio, dando como resultado el uso del dinero y el trabajo asalariado.

El dinero está presente en todos los aspectos de la vida. Es indispensable para sobrevivir en un mundo cada vez más materialista y orientado al consumo. En todo el mundo, las sociedades han clasificado a sus poblaciones de acuerdo con sus ingresos. El status social y el poder adquisitivo son determinados por la cantidad de dinero logrado. Por lo tanto, la gente se esfuerza en hacer dinero para conseguir un mejor status social y mayor capacidad de gasto. Persiguiendo estos fines, hay quienes hacen dinero legalmente y otros que lo logran ilegalmente.

El apóstol Pablo nos enseña que: "El amor al dinero es la raíz de toda clase de mal" (1 Timoteo 6:10). Estas sabias palabras son verdaderas y se aplican para ambos tipos de personas. El dinero en sí es neutro, no es bueno ni malo. El problema se presenta cuando se endiosa al dinero y éste pasa a ser la meta suprema en la vida. Cuando la fe y la razón de vivir están centradas sólo en el dinero, la gente es capaz de "vender su propia alma", a fin de tenerlo en sus manos (I Timoteo 6:9). Esto es avaricia y codicia; “el que ama el dinero siempre quiere más, el que ama las riquezas, nunca cree tener bastante. Esto es vana ilusión, porque mientras más se tiene, más se gasta. ¿Y qué se gana con tener, aparte de contemplar lo que se tiene?" (Eclesiastés 5: 10-11).

Algunas personas hacen dinero violando la ley o haciendo caso omiso de las normas éticas. Un gran porcentaje de presos en las cárceles cumplen condenas por delitos relacionados con el dinero. Los delitos como: robo, secuestro, asesinato, soborno, prostitución, estafa, fraude y tráfico ilícito de drogas son el resultado de comportamientos ansiosos de personas que aman el dinero a cualquier precio. Paradójicamente, muchos de ellos no tienen tiempo suficiente para disfrutar de su dinero, porque tarde o temprano son detenidos y encarcelados. Asimismo, podemos encontrar un sin número conflictos sociales relacionados al dinero que son tratados en las cortes judiciales: mezquindades salariales, pleitos por herencias, sociedades divididas, etc. Jesús mismo fue traicionado por treinta piezas de plata (Mateo 26:15).

Por otra parte, las personas quienes trabajan legalmente pueden lograr el dinero necesario, sin embargo, un gran número de ellos, a costa de perjudicar su salud, afectar sus relaciones o se sumergen en vicios. Hoy en día, mucha gente trabaja horas extras en sus puestos de trabajo y viven con demasiada ansiedad. Ser "adicto al trabajo" es casi normal en nuestras sociedades (Yo fui víctima de esto alguna vez). Una gran cantidad de consultorios médicos son visitados por personas con síntomas de estrés y otras enfermedades directamente relacionados a esta adicción. Además, las relaciones se ven afectadas cuando alguien se dedica a largas horas de trabajo. Muchos divorcios son producto de un esposo o una esposa ausente del hogar, muchos niños demandan la atención de sus padres ausentes, a través de una pésima conducta social o un bajo rendimiento escolar y muchas personas sufren la soledad. (Si quieres saber acerca de las señales para identificar la adicción de un trabajólico visita la web ¹ citada al pie del artículo). Asimismo, muchas empresas, aprovechando de la necesidad social de hacer dinero, ofrecen a las personas diferentes tipos de juegos de azar y loterías. Ganar dinero fácil es el sueño de muchos, pero es "un arma de doble filo", ya que quienes se involucran en estos juegos pueden quedar atrapados y perder más de lo que han invertido.

Adicionalmente, es aterrador ver como la sensibilidad humana llega a degradarse cuando el hombre es preso de un desmedido afán por lograr dinero. Hoy en día, en muchos lugares del mundo, hay gente que cruel y sanguinariamente matan animales con fines lucrativos (Chequea un video en la web ² citada al pie del artículo). De hecho, muchas especies han desaparecido a causa del hombre y un gran número están en peligro de extinción. Asimismo, muchos recursos naturales vienen sufriendo profanación por gente inescrupulosa quienes contaminan ríos y mares, y devastan bosques con el fin de enriquecerse.

Hacer dinero para suplir nuestras necesidades es importante e imprescindible en la vida. Sin embargo, debemos ser conscientes de que el dinero es un medio y no un fin. El afán por hacer dinero no debe ni puede tomar el lugar de Dios en nuestro corazón (Mateo 6:24). Dios es quien nos da la capacidad de hacer dinero de manera sabia e inteligente, sin afectar negativamente nuestra salud, sin violar la ética, sin romper las leyes, sin destruir nuestras relaciones y sin degradar nuestra sensibilidad humana. Si lo hacemos a la manera de Dios, él llenará nuestro corazón de alegría y no tendremos que preocuparnos mucho por el curso de nuestra vida (Eclesiastés 5: 19-20).

Dios quiere que seamos prósperos en lo económico. Él nos ha prometido que el hombre bueno nunca estará desamparado, ni jamás sus hijos mendigarán (Salmos 37:25)
. ¿Y quién es un hombre bueno? Aquel que lleva en su corazón las enseñanzas de su Dios (Salmos 37: 31a). El amor al dinero no tendrá poder sobre nosotros si nos mantenemos conectados a los pensamientos de nuestro Creador. Además, si nuestra esperanza está puesta en Dios, no nos faltarán oportunidades para hacer dinero y disfrutar de todas las cosas abundantes que él quiere darnos (I Timoteo 6:17).

Por último, no debemos olvidar que nuestro esfuerzo por hacer dinero, debe ser impulsado por un fin más supremo que del sólo suplir nuestras necesidades. Dios nos llama a ser canales de bendición para con nuestro prójimo. “El justo da con generosidad” (Proverbios 21:26b). “Den y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Lucas 6: 38).
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¹www.voypormas.com/Mercado-Empleo/5-senales-para-identificar-si-eres-un-trabajolico.html
²www.peta.org/feat/ChineseFurFarms/index.asp - Advertencia: Este video contiene imágenes muy fuertes.

26 ago 2009

DIVINA TORTÍCOLIS

Han pasado dos años desde que llegamos a Canadá con el objetivo de construir un mejor futuro. No llegamos a la deriva. Nuestro Padre, en su infinita bondad nos dio una Palabra que nos afirmó y es el generador de nuestro ímpetu para salir adelante en estas tierras lejanas. Él nos dijo: “Solamente te pido que tengas mucho valor y firmeza para cuidar de hacer mi Palabra, no te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará donde quiera que vayas.” (Josué 1:7-9).

Cada vez estamos más convencidos que la gracia de nuestro Padre nos sostiene y con su ayuda lograremos alcanzar los sueños que Él pone en nuestro corazón. Sabemos muy bien que su Palabra se cumple en su tiempo. Nosotros hacemos nuestra parte y Él hace la suya. Al llegar, lo primero que hicimos fue buscar una iglesia donde congregarnos como nos aconseja el apóstol Pablo (Hebreos 10:25). De la misma manera como lo hacíamos en Lima, continuamos sirviendo al Padre en una iglesia local con los dones que Él nos ha dado y cumpliendo con nuestros diezmos; vamos creciendo en su conocimiento y en la extensión de nuestra red de hermanos en la familia de Dios.

Cuando me inserté laboralmente en Canadá, dispuse en mi corazón no aceptar ofrecimientos de trabajo los días domingos. Más de una vez rechacé esta posibilidad, a pesar de que representaba más ingresos por horas extras. Considero que es vital para un cristiano apartar ese día; dedicarlo al servicio del Señor y a reforzar los lazos familiares. Sin embargo, hace un mes atrás esta determinación fue puesta a prueba una vez más.

Todos conocemos cómo la recesión económica global viene afectando a los países y Canadá no es la excepción. Siete meses atrás la compañía para la que trabajo inició un recorte progresivo de horas laborales que afectó mis ingresos hasta un 40%. Mi responsabilidad de proveedor en la familia me condujo a ponerme en búsqueda de otro trabajo a tiempo parcial o completo, con el objetivo de alcanzar las cuarenta horas semanales, pero todo esfuerzo fue en vano. Fueron momentos en las que las palabras del apóstol Santiago de “sentirme dichoso cuando tenga que enfrentar diversas pruebas” (Santiago 1:2) eran un poco difíciles de entender. Ya la angustia comenzaba a tomar lugar en mi corazón.

En medio de esta crisis, mi jefe me ofreció la oportunidad de hacer más horas un domingo y acepté. Cuando llegó aquel día pasó algo inusual, algo que atribuyo fue una corrección divina. ¡Desperté con tortícolis! Amanecí con un fuerte dolor en el cuello y no podía moverlo libremente. Obviamente tuve que comunicarle a mi supervisor que no asistiría a trabajar. Visité al médico ese mismo día y me aconsejó un buen masaje. Al día siguiente lunes, fui a trabajar como de costumbre. Bien dice David: “El Señor conoce los pensamientos humanos y sabe que son absurdos.” (Salmos 94:11).

Meditando en lo acontecido, pude darme cuenta que el Padre me estaba enseñando que debía “echar toda mi ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de mí y que debía resistir firme en la fe.” (I Pedro 5:7,9). Fue así que tuve el valor de rechazar otro ofrecimiento similar la semana siguiente. Debía confiar que algo pasaría y Dios no tardó. A los pocos días, el gerente me pidió trabajar algunas horas más en los días que me habían recortado y ahora ya casi estoy completando mis cuarenta horas semanales sin necesidad de trabajar los domingos. Adicionalmente a esto, en simultáneo, recibí una respuesta afirmativa respecto a una beca completa para continuar mis estudios de inglés.

Te invito a ser sensible a la corrección del Señor “para que puedas enfrentar tranquilo los días de aflicción (Salmos 94:12) y a “encomendar al Señor tu camino, confía en Él, y Él actuará.” (Salmos 37:5).

“No bien decía: ‘Mis pies resbalan’, cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda. Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.”
(Salmos 94:18-19)

1 ago 2009

VUELVE A CASA Y CUÉNTALO

Había estado soñando con una batalla espiritual que enfrentábamos un grupo de hermanos contra gente endemoniada. Estábamos en una calle de la ciudad, frente a frente, como dos pandillas urbanas. Mientras los reprendíamos en el nombre de Cristo, ellos se esforzaban inútilmente en hacernos daño. Me conmovió ver sus caras de angustia y desesperación, me puse a llorar y desperté muy temprano entre lágrimas.

Luego, después de unos minutos de sollozar en la cama, continué mi lectura del evangelio de Lucas. El pasaje bíblico de aquella mañana, Lucas 8: 26-39, trata acerca de la liberación de un hombre endemoniado. Éste que había abandonado su casa, vivía desnudo y solitario en los cementerios de la ciudad, siendo un estorbo para sus pobladores, un día tuvo un encuentro personal con Jesucristo y fue liberado, sanado, salvado. Este gadareno (habitante de Gadara) había estado poseído, es decir, tenía una voluntad subyugada a los demonios y no tenía control de sí mismo. Jesús restauró su vida completamente y volvió a casa.

La experiencia de este hombre me hizo reflexionar respecto a la gran cantidad de gente en nuestra sociedad que viven presos de demonios que sujetan su voluntad y que sufren soledad en su espíritu. Estos demonios se manifiestan en malos hábitos, vicios y/o en actitudes dominantes negativas del carácter que no pueden dejar por años y están atados a ellos con consecuencias muchas veces desastrosas. Malos hábitos sociales como el alcoholismo, el consumo de tabaco, drogas alucinógenas y pornografía, la ludopatía (adicción a juegos electrónicos y de azar), las adicciones sexuales, la religiosidad, la brujería y la violencia. Hábitos negativos del comportamiento como la ira, el chisme, la gula, los celos, el egoísmo, la verborrea y pensamientos obscenos, e inclusive la pereza, la autosuficiencia, la timidez, el temor y la dejadez suelen arruinar una vida o limitarla, transcendiendo negativamente al prójimo. Basta con revisar los medios de comunicación para darnos cuenta de las consecuencias: asesinatos, injusticias sociales, corrupción, violaciones sexuales, suicidios, muertes súbitas por sobredosis o accidentes en las pistas, enfermedades transmitidas, narcotráfico, más gente visitando psiquiatras y psicólogos, divorcios, madres solteras, abortos, robos, pobreza, obesidad, estafas, etc.

En su encuentro con Jesucristo, la primera reacción del gadareno fue rechazarlo. Jesús había decidido liberarlo y él respondió “no te metas conmigo”. Igualmente, en nuestros días muchas personas en las mismas condiciones que este hombre, dan la misma respuesta y rechazan la obra redentora de Jesucristo, ya sea por conformismo, orgullo, incredulidad o temor. Sin embargo, en lo profundo de sus almas anhelan ser libres. Bien, Jesús conociendo acerca de esto, actuó con autoridad con el gadareno y ordenó a los demonios salir de su cuerpo y este fue totalmente salvado. Pero no sólo lo liberó de los demonios. Cuando la gente vino a verlo, este hombre estaba “vestido y en su sano juicio.” Esto me habla de un Dios proveedor y restaurador; de un Dios que cubre necesidades espirituales, pero también materiales y físicas.

Después de esto, el gadareno le rogaba a Jesús le permitiera acompañarlo, pero Jesús le respondió: “Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti.” Estas palabras fueron las que más atrajeron mi atención aquella mañana. En nuestros días muchas personas que han tenido un encuentro personal con Jesús, movidos por la emoción de aquella experiencia, buscan ardientemente involucrarse a tiempo completo en el trabajo de la iglesia con el ánimo de servirlo y hasta toman rigurosos estudios teológicos, cuando en realidad Jesús sólo les está diciendo: “Vuelve a casa y cuéntales todo lo que Dios ha hecho por ti.” Dios quiere que la gente común hable de Él. No tenemos que poseer una maestría en “espiritualidad” para contar de las maravillas que hace Dios. Y el gadareno no sólo lo contó en su casa, sino que fue por todo el pueblo contando lo que Dios hizo por él. Sin querer se convirtió en un evangelizador.

Las palabras de Jesús nos retan a no callar, nos motivan a anunciar lo que Él es capaz de hacer en nuestras vidas. Por este motivo, esta vez quiero contarles algo muy personal. Cuando tuve mi encuentro con Jesucristo, su poder de amor me liberó de mi atadura a la pornografía y pensamientos obscenos que afectaron mi vida personal y mi relación con las mujeres, así como del vicio del tabaco, llegué a fumar hasta dos cajetillas al día. Dios me vistió con nuevas ropas al poner en mi mente sus pensamientos y me dio sano juicio cuando le entregué mi debilidad a Jesús y me rendí a Él. Después de aquello, Dios continúa su obra en mi vida, moldeando mi carácter al suyo y me ha concedido muchos deseos de mi corazón. Sé que hasta que dé mi último aliento, seguiré siendo perfeccionado por su amor.

Es probable que como yo, hayas experimentado un encuentro personal con Jesús y Él te ha liberado de algún vicio o una pasión desenfrenada dominante que te ataba, afligía y avergonzaba. Te animo a hacer lo mismo que el gadareno hizo. Vuelve a casa (familia, amigos, barrio, vecindad) y cuéntales lo que Dios ha hecho por ti y lo que viene haciendo cada día de tu vida. No lo guardes para ti. Dalo a conocer y Dios hará más por ti.

Y si todavía te sientes atado a algo que no te deja crecer espiritual y emocionalmente, a pesar de tu encuentro con Jesús, te exhorto a rendirte completamente a Él. Recuerda que si estás en Cristo, eres una nueva criatura y las cosas viejas pasaron, ahora todas son hechas nuevas (II Corintios 5:17). Despójate del viejo hombre o mujer con sus hechos y revístete del nuevo, conforme a la imagen de nuestro Creador, renovándote hasta conocerlo plenamente (Colosenses 3:9-10). Mediante el bautismo fuiste sepultado con Jesús en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también tú, andes en una nueva vida (Romanos 6:3-4).

Por último, si tú eres de aquellos que le han dicho a Jesús “no te metas conmigo”, te invito a reflexionar y reconsideres aceptar de su gracia sanadora. Nadie, ni nada logrará liberarte de los “demonios” que te atormentan. El poder del amor de Dios está a tu disposición. Sólo cree en Él y entrégale tu vida Jesús. Bastará una sincera oración. Pongo a tu disposición un modelo que te puede ayudar: “Dios me arrepentimiento por haber vivido hasta hoy lejos de ti. Acepto a Jesús, tu Hijo, como mi Salvador y Señor en mi vida. Te abro la puerta de mi corazón, te pido que me perdones y me libres de (menciona la debilidad o vicio). Lléname con tu Espíritu Santo y ayúdame a conocerte más. Gracias Dios por tu amor.” Después de esto, debes asumir el compromiso de: 1. Mantenerte en contacto diario con Dios por medio de la oración y la lectura de la Biblia. 2. Alejarte de las cosas, personas y/o circunstancias que están relacionadas con el vicio o la debilidad que le has pedido a Dios te libre. Haz tu parte y Él hará la suya. Estoy seguro que pronto podrás contarnos lo que Dios ha hecho por ti.

12 jul 2009

MATAR O MORIR

Una mañana, mientras despertaba para ir a trabajar, continuamente escuchaba en mi mente esta frase: “Matar o Morir”. No tengo la más mínima idea qué motivó este pensamiento, no recuerdo lo que soñé la noche anterior, sin embargo, mientras meditaba en ellas de inmediato pude darme cuenta de lo que significaban estas palabras. Cada uno de nosotros tenemos la capacidad de decidir “matarnos a nosotros mismos” o “morir a nosotros mismos” ¿Cuál es la diferencia?

La Biblia nos enseña que la naturaleza humana está inclinada al pecado y quienes viven conforme a ella, fijan su mente en los deseos de tal naturaleza, en los placeres de la carne. Tal mentalidad pecaminosa mata y es enemiga de Dios porque no se somete a su Ley. Por lo tanto, viviendo según esta naturaleza será imposible agradar a Dios (Romanos 8). Podemos afirmar que cuando alguien decide desarrollar su vida bajo el dominio de esta naturaleza termina quitándose la vida, acabándose a sí mismo, aniquilando su cuerpo y alma, extinguiendo su espíritu. “El que cava la fosa, en ella se cae; al que abre brecha en el muro, la serpiente lo muerde.” (Eclesiastés 10:8). “La senda de quienes no se deleitan en la Ley del Señor, meditando en ella de día y de noche, los lleva a la perdición.” (Salmo 1). “El ocuparse en seguir las inclinaciones de la carne lleva a la muerte.” (Romanos 8:6).

En Gálatas 5:19-21 encontramos que las obras de vivir bajo el dominio de la naturaleza pecaminosa son: adulterio (relaciones sexuales fuera del matrimonio), fornicación (relaciones sexuales premaritales), deshonestidad, lascivia (vicios), idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, arrebatos de ira, rivalidades, riñas, sectarismos, envidia, borracheras, orgías y cosas similares a estas. Ahora bien, ¿y qué de las cosas similares? Recorriendo la Biblia podemos encontrarlas: amargura, falta de perdón, manipulación, autocompasión, avaricia, cobardía, codicia, conformidad, calumnia, murmuración, crítica (juzgar a los demás), crueldad, curiosidad, egocentrismo, desconfianza, desobediencia, distracción, egoísmo, falta de respeto, irritabilidad, hipocresía, impaciencia, indiferencia, desánimo, ingratitud, mentira, mezquindad (tacañería), altivez, autosuficiencia, preocupación, presunción, vanidad, rebelión, burla, susceptibilidad, pereza, trabajo excesivo, irresponsabilidad, incredulidad, injusticias, religiosidad, ocultismo, charlatanería, robo, asesinato, infidelidad, engaño, masoquismo, discriminaciones, sarcasmo, sadismo, desviaciones sexuales, paganismo, necedad, gula, griteríos, insultos, lenguaje obsceno, intolerancia, esoterismo, impureza mental, adivinaciones, desamor, malhumor, malicia y cualquier otro acto o sentimiento que ofende a Dios y a nuestro prójimo. Entonces, cuando en nuestra vida practicamos cualquiera de estas obras, estamos “matándonos a nosotros mismos.”

El apóstol Pablo a lo largo de sus cartas nos exhorta a no satisfacer los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa, ni andemos pensando en ellos. Al contrario, nos motiva a hacer morir nuestras malas inclinaciones. Es decir, nos estimula a que debemos cesar tales acciones, darles término, extinguirlos de nosotros. Debemos desear vehementemente desarrollar nuestra vida lejos de la influencia de nuestra naturaleza caída. A esto se refiere el “morir a nosotros mismos.”

¿Es posible ser libres de la influencia de nuestra naturaleza pecaminosa? Sí, es posible. Esa es la buena noticia de Dios para nosotros. Por medio del sacrificio de Jesucristo nosotros podemos serlo, porque él vino en la misma condición de pecador y se ofreció en sacrificio por el pecado. Así Dios condenó al pecado en la naturaleza humana. Por lo tanto, si estamos unidos a Jesucristo por su Espíritu Santo, somos más que vencedores frente al pecado (Romanos 8). Para lograr esta unidad con Jesucristo, es necesario entregarle la vida y su Espíritu vendrá a morar en nuestros cuerpos mortales (I Corintios 6:19). Es la única manera de renacer espiritualmente, Él nos hace nuevas criaturas (II Corintios 5:19).

Ahora bien, el “morir a nosotros mismos”, está referido a no dejarnos dominar por nuestra naturaleza pecaminosa, y esto no se logra de la noche a la mañana, es un proceso de santificación que toma todo el tiempo de nuestra existencia en esta tierra. A medida que busquemos más de la presencia de Dios en nosotros, por medio de la oración y la meditación de su Palabra, Él nos revelará cómo lograrlo. Jesucristo nos podará para que llevemos más del fruto de su Espíritu (Juan 15:2). La acción de “morir a nosotros mismos” debe ser una acción de amor a Dios, porque si morimos para el Señor morimos (Romanos 14:8).

Pablo califica al “morir a nosotros mismos” cómo vivir según el Espíritu Santo fijando nuestra mente en sus deseos, lo cual trae verdadera felicidad (Romanos 8:6). Y los frutos del Espíritu son: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio (Gálatas 5:22). Asimismo, recorriendo la Biblia encontramos que agradan a Dios nuestra: obediencia, fe en Él, diligencia, humildad, sabiduría, honestidad, verdad, justicia, sobriedad, misericordia, responsabilidad, desinterés, perdón, sujeción a la autoridad, honradez, buenas palabras, nobleza, esfuerzo, valentía, pureza mental y sexual, esperanza, servicio, gentileza, respeto, disciplina, benevolencia, alegría, sensatez, generosidad, lealtad, tolerancia, gratitud, confianza, serenidad, perseverancia, buen humor y todos los demás atributos que edifican.

Una clave para derrotar a nuestra naturaleza es cuidar lo que vemos y lo que oímos. La Biblia nos dice que todo nos es lícito, todo nos está permitido, pero que no todo nos conviene, no todo es para nuestro bien (I Corintios 6:12). Así que está en nuestras manos el decidir “matarnos a nosotros mismos” o “morir a nosotros mismos”. Por nuestros frutos seremos conocidos (Mateo 7:16).

Matar o morir no tiene nada que ver con nuestra condición socio-económica o formación intelectual y/o profesional. Sea cual fuera, se trata de nuestra capacidad de entender que para gozar de la vida eterna, abundante y de los ríos de agua viva en nuestro interior que Dios quiere darnos, depende de nosotros, de nuestra negación al yo y sujeción a su Espíritu; de lo contrario, seremos desechados y nos secaremos como las ramas que se recogen y se echan al fuego y arden (Juan 10:10, 7:38, Romanos 6:23, Juan 15:6).

“Como hijos obedientes no se amolden a los malos deseos que antes tenían, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es Santo quien los llamó… Sabiendo que fueron rescatados de su vana manera de vivir que heredaron de sus antepasados
(I Pedro 1:14-18).

SON TUS PALABRAS

Esta canción es una expresión de reconocimiento a las bellas Palabras que recibo de nuestro Padre Celestial cada vez que enfrento retos en mi vida. Te invito a ver el video que viene a continuación. En él leerás algunas de estás Palabras.

Son, son tus palabras
dulces manjares a mi paladar.
Son, son tus palabras
cual manantiales en mi caminar.

Cuando siento que mi vida explota,
tu aliento me conforta.
Cuando debilitan mi esperanza,
animas mi confianza.
Cuando todo parece perdido,
puedo escuchar tus cumplidos:

"No, no estarás solo
estoy contigo por la eternidad.
No, no estarás solo
duerme tranquilo, soy tu seguridad."

Hablas de mí con amor
y te alegra saber que en tu casa estaré.
Vienes a mí con favor y me haces conocer
que tan grande es tu poder.

Son bellas palabras.

8 jun 2009

CARACTERÍSTICAS DE UN LÍDER EXITOSO

Liderar es guiar, dirigir y estar a la cabeza de un grupo de personas en el desarrollo de un proyecto o plan e implica asumir una alta responsabilidad personal y social. En la vida tenemos oportunidades de ejercer liderazgo y en otras ocasiones nos sujetamos al liderazgo de otros. En ambas situaciones es importante reconocer las correctas características que todo buen líder debe mostrar. Mientras leía los Evangelios encontré el mejor y más eminente ejemplo de liderazgo exitoso en la vida de nuestro Señor Jesucristo.

1. Muestra sus dones – Jesús inició su liderazgo dando a conocer sus dones de predicador y maestro, así como su poder de sanidad y liberación. Un buen líder da a conocer sus dones que le permitirán ganarse la confianza de sus colaboradores y ejercer su liderazgo con autoridad. (Mateo 4:17-25, caps. 5-7, Lucas 4:33-37)

2. Se capacita – Desde niño Jesús asistía a la sinagoga con sus padres para conocer la Ley de Moisés. Aunque los evangelios no relatan hechos acerca de su juventud, mencionan que Él fue criado en Nazaret y tenía la costumbre familiar de visitar la sinagoga para estudiar las escrituras. Un líder no sólo tiene dones, sino que se capacita intelectual y espiritualmente para obtener buenos resultados, así como para enfrentar las adversidades y a sus opositores. (Mateo 10:5, Lucas 4:16)

3. Elige a su gente de confianza – Al poco tiempo de haber iniciado su ministerio de popularidad y haber reclutado algunos seguidores, Jesús eligió personalmente su gente de confianza. Lo seguía mucha gente, pero sólo doce de ellos fueron los afortunados para estar cerca de él. Posiblemente antes de elegirlos dedicó tiempo con ellos entrevistándolos y probándoles su espíritu de servicio y compromiso. Un líder escoge a su gente de confianza mediante un proceso personal de selección. (Lucas 6:12-16)

4. Conoce y comparte su misión-visión – En muchas ocasiones Jesús transmitió a sus apóstoles su misión de “dar la vida en rescate por la humanidad”, aunque tardaron en entenderlo. Asimismo, compartió la gran visión divina, de que el hombre goce la eternidad en una morada celestial en la presencia de Dios. Un líder que no reconoce su misión y visión es como un capitán ciego dirigiendo una nave. Llevará a sus seguidores a la deriva, sin rumbo. Los colaboradores se sentirán seguros conociendo “el para qué” y “lo que se espera alcanzar” en el proyecto en el cual ofrecen sus servicios. Genera en ellos una identidad. (Mateo 20:28, Juan 3:15, 10:15 y 28)

5. Da instrucciones claras – Cuando Jesús eligió a sus doce discípulos y a los otros setenta les dio instrucciones muy claras y detalladas de cómo desarrollar su trabajo apostólico. Un líder que comunica bien las tareas que deben desarrollar sus seguidores crea confianza y seguridad en ellos. (Lucas 10:1-12, Mateo 10:1-4)

6. Motiva a su gente – En muchas de sus enseñanzas Jesús motivaba a sus seguidores dándoles palabras de ánimo, fortaleza, fe y asimismo los halagaba cuando lo merecían. Un líder constantemente debe expresar a sus seguidores palabras de motivación infundiendo energía, provocando entusiasmo y avivando la pasión. De igual forma, debe expresarse con afecto, adulación y satisfacción cuando los seguidores cumplen con sus tareas. (Mateo 10:39, 14:27, 16:16-17,Lucas 12:11-12, 10:20,23-24)

7. Delega responsabilidades – Cuando Jesús atendía a la multitud que lo seguía delegaba responsabilidades entre sus discípulos. No hacía todo él mismo; reconoció su necesidad de conferir su representación entre sus apóstoles. Además, entre ellos existían otros colaboradores que servían. Un líder que delega responsabilidad alimenta la autoestima de sus seguidores y les afirma su valor e importancia. (Mateo 10:1, Lucas 8:3)

8. Da el ejemplo – Jesús no sólo daba instrucciones, sino que también daba el ejemplo: oraba, servía, predicaba, atendía al necesitado, defendía sus ideas, etc. En todas sus acciones ponía en práctica lo que enseñaba. Un líder exitoso da ejemplo con sus acciones. Es fiel con lo que propone, es el prototipo, el modelo a seguir. (Mateo 20:20-23, 14:23, 4:17, 15:29-31)

9. Es solidario y servicial – Cuando Jesús sanó a la suegra de Pedro, resucitó a la hija de Jairo y a Lázaro; cuando convirtió el agua en vino y oró por sus discípulos; cuando visitó las casas de sus seguidores y se les apareció después de resucitar, en todas estas situaciones, Él atendía las necesidades de su gente. Un líder no es indiferente a las necesidades emocionales, físicas, materiales y espirituales de las personas a quienes dirige. Tiene un corazón dispuesto para el servicio. (Juan 2:6-11, 17:9-20, Lucas 4:38-39, 8:40-56, 24:13-53, 10:38-42, 19:1-5)

10. Es exigente – Cuando leemos las parábolas de las diez vírgenes y de los talentos reconocemos que el Señor es exigente con sus siervos. Un líder demanda que sus colaboradores asuman responsabilidad, sean productivos, diligentes y eficaces. (Mateo 25:1-30)

11. Es paciente – Antes de ser entregado, Jesús pidió a algunos de sus discípulos que lo acompañen a orar en el monte Getsemaní, sin embargo Jesús los encontró durmiendo hasta en tres oportunidades porque estaban agotados. Unas horas más tarde Pedro lo negaría, unos días después Tomás tocaba las heridas de Jesús resucitado para realmente creer. Un líder reconoce que cada uno de sus seguidores tiene su propio ritmo de aprendizaje y de rendición de resultados. Un líder espera con paciencia ver en acción el máximo potencial de sus colaboradores. (Mateo 26:36-46,69-75, Juan 20:26-29)

12. Conoce sus limitaciones – La madre de Santiago y Juan pidió a Jesús que sus hijos se sienten a su derecha e izquierda en su reino. Jesús les respondió que no podía conceder aquella petición en vista que no le correspondía a Él darlo, sino al Padre. Un líder reconoce las limitaciones de su autoridad. No es tentado por la presunción, pedantería o alardes de poder. (Mateo 20:20-23)

13. Se sujeta a una autoridad – Jesús reconoció que el Padre le dio un mandamiento de que lo debía hablar y hacer. Él hablaba y actuaba como el Padre le dijo que lo haga. Jesús se sometió a la autoridad del Padre. Del mismo modo, un líder se somete a su autoridad hablando y actuando de manera coherente a lo que su jefe le comunica. (Juan 12:49-50, 5:19)

14. Corrige con autoridad – Jesús en muchas ocasiones tuvo que reprender a sus discípulos. Lo hizo en privado y en público, con autoridad, pero a la vez con un tono de respeto. En cada corrección les recordaba cual era la misión del proyecto “Reino de los Cielos”. Un líder corrige a sus colaboradores con severidad, seriedad y a la misma vez con prudencia sin condenar, ridiculizar o menospreciar. (Mateo 8:24-26, Juan 13:7-9, 21:20-22, Marcos 8:32-35)

15. Respeta las leyes – Cuando Jesús fue tentado acerca de que si era lícito pagar el tributo a César o no, Él sabiamente respondió: “Dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios.” En otra oportunidad pagó el impuesto para entrar al templo. Un líder asume su responsabilidad legal y respeta las leyes de las organizaciones instituidas en su comunidad. (Lucas 20:21-25, Mateo 17:24-27)

16. Enfrenta riesgos – Jesús tuvo que enfrentar una serie de riesgos en su trabajo poniendo en peligro su integridad física. En algunos casos, sus discípulos trataron de evitar que lo haga. Un líder toma decisiones valientes y asume ciertos riesgos por el bien de la causa. (Juan 10:31 y 39, 11:8, 18:11)

17. Da la cara por sus colaboradores – Los evangelios relatan que Jesús salió en defensa de sus discípulos ante los fariseos. Un líder es capaz de dar la cara por sus colaboradores cuando estos injustamente enfrentan alguna injuria o agravio. (Mateo 12:1-8)

18. Provee de recursos – Antes de volver al Padre, Jesús dio a sus discípulos dos recursos poderosos y muy valiosos, el Espíritu Santo y su Palabra. Un líder abastece a sus colaboradores con los mejores recursos para que realicen su trabajo. (Juan 20:22, Marcos 13:30-31)

El gran proyecto divino de extender el maravilloso mensaje del Reino de los Cielos está aún vigente. Jesús estuvo presente físicamente en la primera etapa. Luego fue promovido a estar a la diestra del Padre. Ahora nosotros tenemos el encargo de ejecutar la segunda fase hasta su regreso, sin embargo Jesús sigue liderando la obra por medio de su Espíritu en nosotros.

Termino recordando una poderosa promesa de bendición para quienes viven obedientes a la Palabra de Dios: “Te pondré por cabeza y no por cola, y estarás por encima y no estarás debajo” (Deuteronomio 28:13a). Es decir, seremos líderes en los lugares donde estemos. Consideremos el ejemplo de Jesús en el ejercicio de nuestro liderazgo.

14 feb 2009

EL QUINTO MANDAMIENTO

Mientras leía el libro de Efesios, me llamó la atención como el apóstol Pablo resalta el Quinto Mandamiento, afirmando que es el primer mandamiento con promesa (Efesios 6:2). En varias oportunidades he recorrido los libros de Éxodo y Deuteronomio y no me había percatado de este detalle. De los diez mandamientos escritos por Dios en las tablas de piedra, el Quinto Mandamiento dice así: “Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que disfrutes de una larga vida y te vaya bien en la tierra que te da el Señor tu Dios.” (Deuteronomio 5:16).

El matrimonio, conformado por el padre y la madre, es el núcleo básico de toda sociedad y esta unión fue creada por Dios bajo el principio de perennidad. Los padres son la primera y más importante figura de provisión y autoridad en nuestra vida terrenal y tienen una gran responsabilidad en el cumplimiento de su rol. Ellos deben invertir esfuerzo, sentimientos, tiempo y dinero para ofrecer protección, desarrollo, bienestar y guía espiritual a su descendencia. Los progenitores instruyen, dirigen, proveen, protegen, exhortan, orientan, consuelan, encargan, disciplinan, engríen. (Proverbios 1:8, I Tesalonicenses 2:11-12, II Corintios 12:14, Hebreos 12:7-8, Salmos 103:13, Mateo 7:9-11).

Me atrevería a decir que los padres o progenitores, llámense padre y madre, son una figura o representación terrenal de la “Progenitura Divina.” David y Jesús hacen un paralelismo entre el padre terrenal y Dios Padre: si el padre se compadece y da buenas dádivas a sus hijos, así hará Dios con quienes lo aman. (Salmos 103:13, Mateo 7:9-11). De allí la importancia que Dios les asigna, condenando con maldición y muerte a quienes menosprecian a sus progenitores (Génesis 9:20-27, Deuteronomio 27:16, Éxodo 21:17).

Para tener un idea más clara del Quinto Mandamiento podemos parafrasearlo coloquialmente de la siguiente manera: “Ten estimación y respeto por tus papis; sé agradecido, cortés, honesto y demuéstrales tu aprecio, como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que tengas una ancianidad feliz, saludable, sin achaques y prosperes en todo lo que emprendas en la tierra que te da el Señor tu Dios.”

El beneficio de disfrutar de una larga vida nos habla de alcanzar una buena y saludable longevidad. Cuando veo como se ha reducido dramáticamente la expectativa de vida desde Moisés, quien recibió las tablas y vivió 120 años, hasta nuestros tiempos, cuyo promedio de edad mundial es de 78 años según la UNDP (Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas), me pregunto qué tanto de esta reducción está relacionada con el quebrantamiento del Quinto Mandamiento, considerando la advertencia del apóstol Pablo a su joven colaborador Timoteo: “...en los últimos tiempos vendrán días difíciles. Los hombres serán egoístas…orgullosos…desobedecerán a sus padres, serán ingratos…”. (II Timoteo 3:1-2). Por otro lado, alcanzar una vida prolongada nos permite compartir nuestra existencia con nuestra descendencia: hijos, nietos y biznietos.

El beneficio de que nos vaya bien en la tierra está relacionado con tener éxito en nuestras decisiones, vencer las adversidades, gozar de bienestar económico, alcanzar paz, y equilibrio emocional y espiritual. Para lograrlo es necesario: 1. Oír y aceptar los consejos y las enseñanzas de nuestros progenitores, y 2. Obedecerlos, es decir, someternos a su autoridad. (Proverbios 4:1, 6:20-22, 13:1, Efesios 6:1, Colosenses 3:20). Esta es la manera como nos capacitamos para enfrentar la vida con sabiduría y cordura; hacerlo es agradable a Dios, quien no dudará en cumplir su Promesa.

La mejor recompensa que podemos ofrecer a nuestros padres, es alegrar sus corazones con el cumplimiento del Quinto Mandamiento (I Timoteo 5:14, Proverbios 10:1). Hay muchas maneras de hacerlo. Si eres un niño o un adolescente, sométete a las normas que ellos dicten en la casa, cumple con tu responsabilidad de lograr buenos resultados escolares, sé cariñoso y agradecido con ellos, no les respondas inadecuadamente ni les levantas la voz, obedece sus órdenes aunque no tengas ganas de hacerlo. Si eres un joven, además, comparte tiempo con ellos, apóyalos realizando actividades hogareñas (lavar los trastes, por ejemplo), cuéntales tus cosas y pídeles consejo; si ellos solventan tus estudios superiores, esfuérzate en lograr tus créditos; si trabajas y vives con ellos, también colabora con los gastos de la casa; si vives fuera de casa, llámalos por teléfono con regularidad y visítalos tanto como puedas. Si ya te casaste, permite que tus hijos pasen tiempo con ellos e invítalos a tu casa. Si alcanzaron la ancianidad, atiende sus necesidades, acompáñalos a su chequeo médico, engríelos, escúchalos y sé paciente.

Si bien es cierto “el orgullo de los hijos son los padres” (Proverbios 17:6), también es cierto que hay muchos padres que no cumplen con responsabilidad su rol y causan muchas heridas emocionales y sentimentales a los hijos, y en casos extremos, hasta daños físicos o abandono. Para ellos Dios tiene una preciosa promesa: “Aunque tu padre y tu madre te abandonen, yo me haré cargo de ti.”(Salmos 27: 10). Sin embargo, el Quinto Mandamiento no discrimina acerca de la calidad de padres que nos tocan, no dice: “Honra a tu padre y madre si son buenos contigo.” Es preciso perdonar los errores de nuestros padres y solamente Dios puede darnos la capacidad para lograrlo.

La influencia de nuestros progenitores juega un papel trascendente en nuestra formación moral y espiritual, así como en nuestra estabilidad emocional y mental. Los modelos de conducta que hemos visto en nuestros padres ejercerán predominio en nuestras reacciones y comportamiento, consciente o inconscientemente. Entendiendo que nuestros padres no están exentos de errar, es prudente tomar en cuenta el consejo bíblico de “examinarlo todo y retener lo bueno, absteniéndonos de lo malo.” (I Tesalonicenses 5:21-22).

Termino con las palabras del Padre Celestial: “Hijo mío, atiende a mis palabras, préstales atención. Jamás las pierdas de vista, ¡grábatelas en la mente! Ellas dan vida y salud a los que las hallan.” (Proverbios 4: 20-22).