23 dic 2005

EL PODER DE LA ALABANZA

En Hechos 16:23-35 se relata la historia de cómo Pablo y Silas fueron testigos del poder de la alabanza. Esta historia pone de manifiesto que como cristianos tenemos una arma excelente dado por Dios para sobrellevar y vencer circunstancias negativas en nuestras vidas. Muchas veces en nuestra vida personal experimentamos circunstancias que ponen nuestra fe al filo de la navaja. Situaciones que nos invitan a hundirnos en la depresión y la desesperanza. Sin embargo, estamos llamados a estar gozosos en todo momento, sea cual fuese la situación vivida. ¿Es posible humanamente hacerlo cuando las circunstancias son desastrosas? Creo que no. Para ello Dios nos ha provisto de un arma letal frente a los momentos “color hormiga” de nuestra vida. Esa arma es la alabanza a Él.

La alabanza entendida en el sentido de expresar con nuestra voz audible los atributos soberanos, divinos y extraordinarios de nuestro Padre, acerca de su poder, sus promesas y su majestad. Una expresión genuina de confianza que siempre ve al Padre más grande que las circunstancias negativas. Una expresión que pudiera carecer de emoción inicialmente, pero que a medida que es desarrollada va generando en nuestro interior el gozo inefable de Dios, fortaleciéndonos con la paz divina.

Pablo y Silas estaban presos injustamente y sufrieron maltrato físico. Fueron encerrados en un calabozo interior, seguramente el más subterráneo posible. Un lugar áspero, frío, oscuro y solitario. Y es más, estaban encadenados en los pies, de manera que su movilidad era restringida y pesada. Realmente una circunstancia indeseable para cualquier persona.

Muchas veces en el trayecto de nuestras vidas nos vemos envueltos en prisiones como esa, no físicas necesariamente, sino también espirituales, emocionales y sociales. Presos del stress, la depresión, la enfermedad, nuestras limitaciones, de injusticias, de alguna debilidad carnal, de nuestro mal carácter, de nuestros temores, del desamor, etc. Situaciones en las que nos sentimos maltratados por otros o por nosotros mismos. Situaciones a las que esperamos algún día vencer.

Una forma de liberación de esas prisiones es la alabanza al Padre. Al expresar alabanza a Dios confesamos su Palabra y alimentamos nuestra fe, recordándonos a nosotros mismos en quién hemos creído. Si leemos los Salmos de David encontraremos que mientras expresamos los atributos de Dios, vamos dándonos cuenta de nuestra responsabilidad frente a tal o cual situación negativa en nuestras vidas. La alabanza en sí, es una oración que nos constriñe e invita a la revelación del Espíritu Santo en nuestro espíritu, culminando en la obtención de paz y gozo interior. De allí su importancia.

La alabanza es un mandato, no es opcional. Debe realizarse en humildad, no en reproche, rindiendo nuestra existencia a nuestro Padre. La alabanza es un dar completo, es un perderse en las maravillosas promesas de Dios. Es olvidarnos de nosotros mismos y nuestras limitaciones, es creer en el amor y poder de nuestro Padre.

Pablo y Silas cantaban himnos a Dios, a pesar del dolor de sus heridas. Y se suscitó un gran terremoto. Un terremoto es un movimiento telúrico que estremece los cimientos de la tierra. No pasa inadvertido, todos lo sienten. Sacude, asusta y hasta destruye. Además, fueron sueltas las cadenas de sus pies y se abrieron las puertas del calabozo.

Nuestra alabanza en una circunstancia negativa quebrantará los cimientos de lo que la origina. El diablo y sus huestes se asustan cuando alabamos a Dios en momentos que nuestra fe es probada. Nuestra alabanza causará conmoción y estremecerá la incredulidad de los impíos que buscan desacreditar el amor y poder de Dios en nuestras vidas. Nuestra alabanza destruye los dardos de incredulidad que el enemigo dispara en nuestra mente para mantenernos en derrota y limitados. La alabanza rompe las cadenas que inmovilizan nuestro andar en fe. La alabanza nos abre puertas a nuevas dimensiones de fe.

Pablo y Silas cantaban a grande voz, porque todos los presos los oían. A pesar del maltrato recibido, ellos levantaron la voz hasta más no poder para ser oídos. Ellos querían testimoniar, que a pesar de las circunstancias no les avergonzaba alabar a Dios; que a pesar de las circunstancias no temían alabar a Dios. Que no dejarían de hacer lo que tenían que hacer, porque Dios habita en la alabanza de su pueblo.

Nuestra alabanza debe ser audible a nosotros y a los que nos rodean. Si antes de ser cristianos entonábamos canciones seculares para expresar nuestras alegrías o tristezas, ahora que estamos con el Señor no debemos avergonzarnos de expresarle nuestro amor y fe. Ya sea en las buenas o en las pruebas, nuestra expresión de alabanza debe testimoniar a los oyentes nuestra confianza en el Padre, no para lucir lo espiritual que somos, sino por mostrar la gloria de Dios en nuestras vidas.

Algo que me estremece de esta historia, es que la alabanza en circunstancias negativas es un instrumento para impartir salvación a otros. El carcelero y su familia se interesaron en conocer de Dios y fueron salvos a raíz de lo que la alabanza de Pablo y Silas produjo. Ellos hallaron el favor del carcelero a tal punto que hasta les limpió sus heridas y les dio de comer en su casa.

Y lo más sorprendente es que volvieron a prisión para no perjudicar al carcelero, y también para evitar incumplir la ley, a pesar que fueron acusados injustamente, sabiendo que Dios en su tiempo, haría justicia con ellos.; acto que sucedió inmediatamente a la mañana siguiente, cuando el carcelero fue ordenado que los dejara en libertad.

Dios es bueno en todo tiempo, en las buenas y en las pruebas. Hagamos de la alabanza una herramienta de liberación en nuestras vidas para testimoniar al mundo que nuestro Dios es real en poder y magnificencia. Dios hará su parte si nosotros hacemos la nuestra. Se trata de fe actuando en obediencia.

20 dic 2005

UN DIOS EXCESIVO

Mientras iba camino a la iglesia una noche de verano, mi espíritu comenzó a entristecerse a raíz de una circunstancia por la que estaba pasando. Empezaba a fabricar mis primeras lágrimas, cuando oraba al Señor para no sentirme así. De pronto, mientras miraba por la ventana del vehículo que me transportaba, una etiqueta pegada en un automóvil llamó mi atención, el texto era: Exceso.

¡Exceso, exceso, exceso! No paraba de repetirse esa palabra en mi mente y mientras lo hacía el Espíritu Santo me iba trayendo a la memoria, todas las actitudes de excesivo amor que nuestro Padre Celestial, ha mostrado en su Palabra para aquellos que lo aman. Y es que siendo un hijo de Dios y sabiendo lo grande y maravilloso que es El, no podía ofender a mi Padre rindiéndome a la depresión.

Al llegar a la iglesia entré tan reconfortado al servicio, que no hice otra cosa que elevar mi voz en alabanza y adoración excesiva a mi Padre Celestial. Esa misma noche llegando a casa, lleno de la paz y gozo del Señor, cogí mi guitarra y mi alma expresó un salmo cantado cuya letra dice:

Me excederé en alabarte, me excederé en adorarte.
Y agotaré mis fuerzas ante ti Señor.
Y quebrantaré mis límites por darte honor.
Porque más que abundantes
las muestras de tu amor que recibí, son impactantes.
Saturas mi interior con tu dulzura, alucinante;
no ceso de excederme en darte honor, mi Señor.
Me excederé en alabarte, me excederé en adorarte.
Y destruiré los muros en mi corazón.
Y abundaré tu trono con fragante olor.

El diccionario define a la palabra exceso como: cantidad que se encuentra de más. Lo que pasa los límites. Algo excesivo, demasiado, exagerado, exorbitante. Está relacionado a exceder, que es sinónimo de desbordar, rebosar, sobrepasar. Dios es eso. A continuación, algunos ejemplos bíblicos de cuan excesivo puede ser Dios a favor nuestro.

1. La descendencia de Abraham (Génesis 15: 5)
Abraham en su vejez le dice a Dios que anda sin hijo y el Padre Celestial fiel a su grandeza lo lleva fuera de su tienda y le dice: "Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas si las puedes contar. Así será tu descendencia." ¡Qué más! Me imagino que Abraham se habrá puesto bizco. Un cielo estrellado es inmensamente incontable. Y como sabemos, esa descendencia se inició con Isaac, que nació de Sara, una mujer anciana. ¡Increíble! Esto si que fue un gesto de amor excesivo.

2. Dio su Hijo por nosotros (Juan 3: 16; Romanos 8: 32a)
Siendo merecedores de muerte, el Padre decide librarnos de la esclavitud del pecado y facilitarnos la salvación eterna. Y tomó una de las decisiones más sublimes, dar a su Hijo para esa misión. Una misión dolorosa y espantosa: "porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." "No escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros." Dar a su único hijo en sacrificio por otros, no es algo que alguien haría muy alegremente. Exponer a su hijo a sufrimiento, vejámenes y violencia por salvarnos puede parecer una locura, pero lo hizo. Si su plan era salvarnos, Dios pudo haber elegido una manera menos dolorosa para él. Pudo haber enviado un ángel en lugar de su Hijo, o a otro ser celestial que él creara, pero envió a su Hijo, a su único. ¡Increíble! Esto si es un gesto de amor excesivo.

3. El sacrificio de Jesús (Isaías 53: 3-6)
Quienes hemos visto la última película referida a Jesús, llamada La Pasión, quedamos estupefactos de lo sangriento que pudo haber sido el sacrificio de Jesús. Soportó tanto sufrimiento para salvar aún a los que lo golpeaban y crucificaron. Pero no sólo se trató del maltrato físico, su entrega fue más allá, porque: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades...." "....Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros." Jesús además fue "despreciado y desechado entre los hombres,.....menospreciado y no estimado." Sufrió también en lo emocional y espiritual. "Varón de dolores, experimentado en quebranto y sufrió nuestros dolores".... "molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él." Realmente un sufrimiento espeluznante, que ningún ser humano hubiera soportado. ¡Increíble! Un gesto extraordinariamente excesivo.

4. La alimentación de una multitud (Mateo 14: 17-21)
Esta historia es muy motivadora. Los apóstoles sólo tenían cinco panes y dos peces para alimentar a más de cinco mil, porque dice el versículo 21 que fueron "cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños." Realmente era una multitud de gente increíble. Y lo más fantástico es que "comieron todos y se saciaron". Es decir, nadie se quedó con hambre, y de seguro más de uno se guardó su pedacito para la casa. Y para que no queden dudas de lo grandioso y poderoso que El suele ser con nosotros, "recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas." Me imagino al muchachito que donó sus cinco panes, llegando a casa con tremendo botín ayudado por los discípulos. ¡Increíble! El si que da a manos llenas.

5. La pesca milagrosa (Lucas 5: 4-7)
Estaba Jesús enseñando a un gentío sobre la barca de Pedro y cuando terminó de hablar le dijo: "Boga mar adentro, y echa tus redes para pescar." Pedro lo hizo, pero previa advertencia: "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red." ¡¿Y qué crees?! La red se rompía por la gran cantidad de peces que arrastraba. Y es que nuestro Dios sabe dejarnos malparados ante nuestras incredulidades. "Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían." ¡Las dos barcas se hundían!¡Espectacular! ¿Y qué harían con tantos peces? Se me ocurre que las repartieron al gentío que horas antes estuvo escuchando a Jesús. ¡Increíble! Una muestra más de un carácter excesivo para dar.

6. El Pentecostés (Hechos 2: 2-3)
"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos." "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua." "Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios." "Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?" ¡Increíble verdad! Dios siempre sorprenderá y dejará boca abierta al mundo, con sus excesivas manifestaciones en nuestras vidas.

7. En medio del mar Rojo (Exodo 14: 21-30)
Israel huía de los soldados egipcios. Llegaron a orillas del mar Rojo y no podían avanzar más. Se sintieron acorralados. Era un momento crítico para ellos, una circunstancia de vida o muerte. No estaban preparados para enfrentar militarmente a los egipcios, ni tenían embarcaciones navales para pasar el mar. Entonces, "extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda." ¡Wuau! Esto era asombroso, me imagino el rugir de las aguas separándose y la fuerte brisa bañando al pueblo judío. La sensación de tener como paredes agua de mar debe haber sido pura adrenalina. Y encima, como para que no reclamen, les seco el fondo del mar y pasaron sin problemas de embarres y atoros en fangos. Y pensar que esa generación no entró a la tierra prometida por temer a quienes la habitaban, olvidando lo que Dios era capaz de hacer por ellos. Dios rompió esquemas y les mostró una excesiva compasión ante sus temores y quejas abriendo las aguas, algo imposible de hacerse en lo natural, y posteriormente no fueron agradecidos. Estimo que Josué y Caleb eran niños cuando vieron ese maravilloso y excesivo rescate divino, lo guardaron en su corazón, creyeron a Dios y heredaron la tierra prometida.
El factor común en todas las historias vistas son la fe y la obediencia a su Palabra. Dios se mostrará a nosotros de la forma más extraordinaria, en la medida que seamos fieles a sus ordenanzas. Sus promesas increíbles se harán excesivamente visibles en nuestras vidas, si mantenemos firmes nuestra confianza hacia El.

Gracias a Dios por tener un carácter excesivamente amoroso y compasivo con nosotros. Seamos igualmente excesivos en nuestra adoración y alabanza para con Él, en todo ámbito de nuestra existencia, en las buenas y en las malas. Él es Exceso.

LA CALIDAD PERSONAL

Uno de los conceptos que revolucionó el mundo de los negocios fue el de la Calidad Total. Muchas organizaciones adoptaron esta filosofía a fin de promover entre sus trabajadores la excelencia en su servicio. Pero, hablar de Calidad Total es hablar de Calidad de Vida, es decir, de Calidad Personal. Y la Calidad Personal se muestra en nuestra vocación de servicio y en la integridad de nuestros principios.

El acto de servir a los demás, implica que estemos dispuestos a someternos a una disciplina de negación a nosotros mismos y a asumir un compromiso irrevocable: dar al prójimo lo que nos gustaría recibir de ellos; y en la medida que nos sintamos motivados e interesados en ello, nuestro carácter irá madurando, mientras cumplimos esta responsabilidad.

La integridad de nuestros principios juega un papel importante en el servicio. Debemos preocuparnos en cultivar en nosotros principios o cualidades que eleven nuestro nivel de servicio en la organización. El apóstol Pablo en una de sus epístolas, nos menciona algunas cualidades a considerar, que nos ayudarán a mejorar nuestra Calidad Personal, él los llama los frutos del Espíritu:

1° La Templanza.- sinónimo de dominio propio. No podemos dar rienda suelta a nuestros impulsos. Debemos ser firmes y defender lo que pensamos con la cabeza y no con el hígado. Perder el control es una torpeza. La expresión "no puedo con mi genio" debe desterrarse de nosotros.

2° La Mansedumbre.- seamos mansos pero no "mensos". Una actitud humilde muchas veces hace cesar grandes ofensas y evita lamentables conflictos. No busquemos enfrentamientos, ni culpables; busquemos soluciones y sugerencias, aceptemos las correcciones. No nos sintamos más que los demás, ni alardeemos ser más capaces, por más que así sea.

3° La Fidelidad.- seamos confiables con lo que ofrecemos. Si nos comprometemos en algo, cumplámoslo. Seamos sinceros, no ofrezcamos "gato por liebre". Que nuestro sí, sea sí, y nuestro no, sea no. Seamos fieles a la organización, a nuestros compañeros, a nuestro jefe; no descuidemos el trabajo. No les hagamos trampa con actitudes inmorales y corruptas. Cumplamos al pie de la letra las normas internas de la organización y hablemos bien de ella. Si no estamos a gusto, renunciemos o seamos protagonistas del cambio.

4° La Amabilidad.- una palabra gentil y un gesto amistoso levantan el ánimo. No nos hagamos bromas de mal gusto. Seamos respetuosos unos con otros. Tengamos un comportamiento afectuoso entre nosotros. Si tenemos que corregir a alguien hagámoslo con gentileza.

5° La Paciencia.- aprendamos a esperar. No nos dejemos agobiar por el stress y la ansiedad. En la espera se refina la tolerancia. Si los demás no responden como esperamos, seamos pacientes. No todos tenemos la misma capacidad de respuesta; no atropellemos. Si las cosas no salen como queremos, démonos una nueva oportunidad. Esperemos sabiamente, sin angustias. A veces apresurar las cosas puede alterar un mejor resultado.

6° La Bondad.- no midamos esfuerzos. Colaboremos en todo lo que podamos a fin de facilitar las cosas en común. Si alguien está en problemas, ayudémoslo. No seamos indiferentes con la necesidad de los demás. Compartamos tiempo, talento y tesoro.

7° La Paz.- busquemos la paz y sigámosla. Evitemos pleitos, chismes, rivalidades, celos, contiendas, envidias, divisiones, enemistades, etc. Actuemos de pacificadores entre nuestros compañeros.

8° La Alegría.- mostremos satisfacción con lo que hacemos. Contagiemos buen humor. Festejemos los éxitos de los demás y los propios. Un corazón alegre hermosea el rostro.

9° El Perdón.- no guardemos rencor contra nadie. El resentimiento endurece el alma y enferma el cuerpo. Acordémonos de la frase: "y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores".

Trabajemos en desarrollar estas cualidades para alcanzar verdadera excelencia en nuestro servicio. Se trata de bendecir a otros dando lo mejor de nosotros, la cosecha será similar, porque de lo que sembramos recibimos.

La Calidad Personal no es algo que se adopte o que se pueda copiar de un sistema o de un programa, sino que nace de nosotros mismos, de una decisión, de nuestra voluntad.

19 ago 2005

TOTALMENTE LIBRES


No es difícil darse cuenta que la naturaleza humana y el sistema del mundo esclavizan al hombre en algún ámbito de su vida. De una u otra forma la gente vive atada o esclava a circunstancias, personas, cosas, pasiones, sentimientos, sistemas o pensamientos.

Conciente o inconscientemente, el hombre vive luchando contra esos grilletes de esclavitud que van mermando sus fuerzas en al caminar de la vida hasta que finalmente, convive con la muerte espiritual, la tristeza emocional, la enfermedad corporal y la bajeza moral.

Quienes hemos experimentado el nuevo nacimiento en Cristo, no somos ajenos a ser confrontados con circunstancias, personas, cosas, pasiones, sentimientos, sistemas o pensamientos que quieren someter nuestra vida, tratando de mermar nuestra confianza en nuestro Dios y nuestro compromiso de amarlo. Y detrás de esa conspiración está el diablo, que si bien es cierto ya no puede condenarnos, busca desacreditarnos ante nuestro Padre, tratando con artimañas, de distraer nuestra fe y obediencia.

A saber que nuestra lucha es una realidad, es importante conocer de qué nos ha librado el Señor en su misión redentora. En Cristo somos libres de:

1. La potestad de las tinieblas y del diablo

Colosenses 1
13 Porque El nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado.

Salmos 91
2 Diré yo al Señor: Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío. 3 Porque El te libra del lazo del cazador y de la pestilencia mortal.

2. La esclavitud del pecado

Romanos 6
16 Ustedes saben que quien siempre obedece a una persona, llega a ser su esclavo. Nosotros podemos servir al pecado y morir, o bien obedecer a Dios y recibir su perdón. 17 Antes, ustedes eran esclavos del pecado. Pero gracias a Dios que obedecieron de todo corazón la enseñanza que se les dio. 18 Ahora son libres del pecado, y están al servicio de Dios para hacer el bien.

3. Los hombres perversos

Salmos 37
39 La salvación de los justos viene del Señor; él es su fortaleza en tiempos de angustia. 40 El Señor los ayuda y los libra; los libra de los malvados y los salva, porque en él ponen su confianza.

Salmos 18
16 Envió desde lo alto; me tomó. Me sacó de las muchas aguas. 17 Me libró de mi poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. 18 Me asaltaron en el día de mi quebranto, mas Jehová fue mi apoyo.

4. La enfermedad del cuerpo

Lucas 13
10 Un sábado, Jesús estaba enseñando en una sinagoga. 11 Allí había una mujer que tenía dieciocho años de estar jorobada. Un espíritu malo la había dejado así, y no podía enderezarse para nada. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: "¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad!" 13 Jesús puso sus manos sobre ella, y en ese momento la mujer se enderezó y comenzó a alabar a Dios.

Salmos 103
3 El es el quien perdona tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.

5. La vana manera de vivir y del modo de pensar del mundo

Gálatas 4
3 Algo así pasaba con nosotros cuando todavía no conocíamos a Cristo, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos (costumbres, formas de vida, pensamientos) del mundo. 4 Pero cuando llegó el día señalado por Dios, él envió a su Hijo, que nació de una mujer y se sometió la ley de los judíos. 5 Dios lo envió para liberar a todos los que teníamos que obedecer la ley, y luego nos adoptó como hijos suyos.

1 Pedro 1
18 Porque Dios los libró del inútil modo de vida que ustedes aprendieron de sus antepasados. Y bien saben ustedes que, para liberarlos, no pagó él con cosas que pueden destruirse, como el oro y la plata; 19 al contrario, pagó con la sangre preciosa de Cristo. Cuando Cristo murió en la cruz, fue ofrecido como sacrificio, como un cordero sin ningún defecto.

6. La muerte eterna y espiritual

Salmos 116
7 Dios mío, tú has sido bueno conmigo; ya puedo dormir tranquilo. 8 Me libraste de la muerte, me secaste las lágrimas y no me dejaste caer.

7. Los temores y las angustias

Salmos 34
4 Le pedí a Dios que me ayudara y su respuesta fue positiva:¡me libró del miedo que tenía! 5 Los que a él acuden se llenan de alegría y jamás pasan vergüenzas. 6 Yo, que nada valgo, llamé a Dios y él me oyó, y me salvó de todas mis angustias.

8. Los deseos de nuestra carne

Tito 3
3 Porque antes también nosotros éramos insensatos y rebeldes; andábamos perdidos y éramos esclavos de toda clase de deseos y placeres. Vivíamos en maldad y envidia, odiados y odiándonos unos a otros. 4 Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad, 5 y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo.

9. La legalidad religiosa

Gálatas 3
10 Quienes ponen su confianza en la ley están bajo maldición, porque la Escritura dice: "Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito en el libro de la ley." 11 Por tanto, está claro que nadie es reconocido como justo en virtud de la ley; pues la Escritura dice: "El justo por la fe vivirá." 12 Pero la ley no se basa en la fe, sino que dice: "El que cumpla la ley, vivirá por ella." 13 Cristo nos rescató de la maldición de la ley haciéndose maldición por causa nuestra, porque la Escritura dice: "Maldito todo el que muere colgado de un madero."

10. Las aflicciones y circunstancias dolorosas

Salmos 34
19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas los librará Jehová.

Salmos 103
4 El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias.

Como puede notarse, la obra redentora de Cristo es completa; en todo ámbito de nuestra vida. En él, somos totalmente libres. Debemos ejercer esa libertad con fe y con la autoridad que nos concede el ser llamados hijos de Dios. El diablo no puede esclavizarnos con sus mugrosas artimañas.

2 Corintios 3
16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. 17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Gálatas 5
1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

10 ago 2005

LLAMADOS A DESTACAR

Habiendo terminado de leer el libro de Daniel, meditaba acerca del testimonio de vida de este gran siervo de Dios. Definitivamente su vida estuvo llena de retos y pruebas bastantes fuertes, al punto que la arriesgó en más de una oportunidad por su amor apasionado a su Dios. Y en todas aquellas circunstancias peligrosas, Dios no le fue deudor, sino que lo ayudó a salir victorioso y puso sobre él su gracia divina.

Daniel formaba parte del pueblo judío cautivo en Babilonia y en medio de ese pueblo extranjero Dios lo usó para ser de influencia en esa sociedad pagana. Daniel llegó a ser consejero de reyes quienes reconocieron al Dios verdadero a través de él. Daniel destacó en el ejercicio de su llamado o profesión como “descifrador o intérprete de sueños” y fue puesto sobre todos los sabios, magos, astrólogos, sátrapas y gobernadores del reino Persa.

Si bien es cierto la mano de Dios estuvo con Daniel, encontramos en él dos atributos muy importantes, que de no desarrollarlos, el favor divino le habría sido ajeno. En primer lugar, Daniel “propuso en su corazón no contaminarse” y en segundo lugar, Daniel “dispuso su corazón a entender y a humillarse en oración a Dios”. Este fue el secreto para que Dios lo levantara en medio de un país extranjero y pagano. Por estos atributos, en él había un espíritu superior.

Daniel ganó fama por lo bien que ejercía su oficio, desde el reinado de Nabucodonosor hasta el reinado de Ciro, Daniel demostró sabiduría, fidelidad y eficiencia en su servicio. Por otro lado, fue constante con sus principios, no cedió ni un milímetro a pesar de las maldades de sus enemigos. El fue respetado y admirado, no sólo por sus dones, sino también por su firmeza en sus convicciones.

Daniel, en medio del Imperio Persa representa al cristiano en medio del mundo. Daniel no era persa, pero estaba en Persia; igualmente, el cristiano no es del mundo, pero está en el mundo. Y así como Daniel, estamos llamados a destacar en nuestra fidelidad a Dios. Cualquiera sea el lugar donde estemos en el mundo: en un lugar de trabajo, en un centro de estudios, en las calles, en nuestros hogares, debemos ser firmes en nuestras convicciones y nuestros principios, dando gloria a Dios, rechazando las artimañas del diablo que nos tienta para negar nuestra fe. Haciéndolo, Dios se encargará de multiplicar nuestros dones y nos pondrá en lugares de privilegio en medio del mundo. El nos impartirá de su sabiduría y nos dará inteligencia para desarrollarnos eficientemente y destacar en lo que hagamos.

Proponer nuestro corazón a no contaminarnos, significa cuidar que nuestros sentidos sean alimentados por cosas que edifiquen la fe, implica nutrirnos de palabras y modelos de vida que promuevan la obediencia a Dios, renunciando a la corriente del mundo. Se trata de una decisión de amor a Dios, en el sentido de agradarlo en todo y con todo: espíritu, alma y cuerpo.

Disponer nuestro corazón a entender y humillarnos en oración a Dios, significa hacer de la comunicación con Dios una prioridad vital, un hábito diario, reconociendo nuestra necesidad de ser fortalecidos con su Espíritu. La oración es el combustible que mantiene viva la llama de nuestra fe. Es en la oración cuando abrimos nuestro corazón a Dios y aceptamos humildemente nuestra dependencia de El; en la oración se gestan nuestras victorias.

Otra actitud destacada de Daniel fue su prudencia y sabiduría para elegir a sus amigos. Daniel supo mantener buenas relaciones con los persas paganos, pero sus mejores amigos fueron: Sadrac, Mesac y Abed-nego. Estos tres hombres eran de su misma raza y compartían la misma fe, amaban a Jehová tan igual que Daniel. Y como era lógico, Dios también los prosperó, poniéndolos en lugares claves y principales en la organización estatal persa. Daniel compartió con sus amigos las mismas persecuciones y estoy seguro que nunca se sintió solo cuando tuvo que enfrentar adversidades. Allí estaban sus amigos para apoyarlo.

De igual forma, Dios nos llama a preferir hacer amigos cristianos cuyas convicciones sean firmes, para compartir con ellos nuestra fe y nuestro amor al Padre. Amigos de una misma raza espiritual. Si nos hacemos amigos que tengan el mismo sentir de agradar a Dios, nuestra vida estará respalda por el testimonio de ellos y viceversa. Encontraremos en ese vínculo de amistad, reciprocidad e interdependencia inspiradas por el amor de Dios.

El Padre nos ha llamado a ser luz del mundo. Tenemos un propósito divino que cumplir en cada etapa de nuestra vida. La luz destaca en la oscuridad y como hijos de Dios nuestras vidas deben reflejar el carácter de nuestro Padre Celestial. En la medida que nuestra intimidad con Dios sea nuestro motor, nuestra vida destacará en sabiduría y poder de Dios, nuestra vida será exitosa sin importar quien se oponga, porque “si Dios por nosotros ¿quién contra nosotros?”

La única forma de destacar en el mundo en positivo y de manera trascendental, es por medio de la puesta en práctica de nuestra devoción a nuestro Dios. Su Palabra nos dice que “en El somos más que vencedores”. Que nuestra luz destaque radiantemente.